miércoles, 30 de diciembre de 2009
RADIACION ULTRAVIOLETA EN EL MIOCARDIO
El 21 de septiembre comenzó formalmente el inicio de la Primavera en Chile. Y una bella modelo en su rol de metereologa de un canal de TV comenzó a darle al tema de la “radiación ultravioleta” con voz de alarmista. Mirándole las generosas curvas anatómicas me pregunté cuantos corazones ha roto con su radiación corpórea y su corta edad. Le puse al bombon sexy de nombre ficticio Violeta, la Ultravioleta de la Caja Idiota. Como un anónimo teleespectador le encontré onda de dermatóloga: está más preocupada de las cremas y los bloqueadores solares que del clima y el tiempo del terruño patrio. El tiempo y el espacio van juntos y son inseparable como lo dijo Einstein. Y la bella musa Ultravioleta con su “espacio hablando del tiempo” sin conocer a Albert. Ella sabe que vale oro gracias a su cuerpo y que se merece ese nicho al final del noticiero. Predica sobre la radioctividad teniendo conciencia de que provoca algo peor que eso en nosotros los varones frente a la pantalla. Ella genera la peor de las radiaciones: la calentura virtual. Y eso si le sube la temperatura al termómetro de los corazones tristes de los esclavizados por la tele analógica que será en tres años digital. No importa que los ejecutivos se sobajeen las manos al final del día gracias a los sondeos o mediciones del rating on line. Más que menos pertenezco a la masa de individuos llamados "público", audiencia, triturados por el people mater. Ufff, me duelen las minas ricas inalcanzables: soy incapaz de negarles mi sintonía y menos, la radiación ultravioleta de mi corazón. Jajajaja.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Zonas Erogenas: los Botones del Placer Carnal
(por Pepe Jot)
El cuerpo humano es un cóctel de zonas que producen sensaciones placenteras: los botones de pánico del placer carnal, aquellos donde se concentran un gran número de terminaciones nerviosas dueñas de una especial sensibilidad si son estimuladas adecuadamente. Cada persona posee un mapa erógeno exclusivo y particular. Cabello, ojos, cuello, nuca, hombros, pechos, brazos, espalda, vientre, muslos, nalgas, próstata, pies, clítoris, vagina, testículos y pene: botones del placer carnal.
Las zonas primarias, son las partes del cuerpo erógenas más sensibles, las que mejor responden ante cualquier toque sensual y la mejor vía para llegar a la excitación sexual. Su estimulación son una invitación segura al sexo. La partes mas sensibles son: la punta de los pezones y el clítoris en la mujer; el pene o las tetillas en el hombre.
Las zonas secundarias, como el cuello, el centro de la espalda, las orejas, la garganta, los labios, la parte anterior de las piernas, el ano, son partes del cuerpo que responden con altos niveles de placer y excitación, aunque con menor grado que las primarias.
El contacto y la estimulación de la piel es uno de los mayores componentes de la actividad sexual. Es muy importante aprender a acariciarse y a dejarse acariciar. No hay que concentrarse únicamente en las zonas erógenas comunes, ya que la piel está compuesta de una infinidad de puntos sensibles que hay que descubrir día tras día.
Esta semana atendí en mi consulta a José Luis, un juppy millonario de treinta y cinco años, un macho Alfa, un gigoló empedernido, un galán narciso y dominante. Durante la terapia abordamos lo que el clasifica como “el lado oscuro de sus deseos sexuales”: hacerle a las mujeres lo inimaginable para “ablandarlas psicológica y físicamente y terminar dominándolas en la cama”. Me manifestó que se siente poseído por pensamientos extraños, que siente que Eros arroja su hálito ardiente avasallando “las buenas costumbres” y eso, según él, provoca que Afrodita se vuelva loca en la libido de las mujeres. José Luis podría ser un típico psicópata sexual o sexopata, pero el tema de fondo, de raíz es más profundo: tiene un comportamiento infantil no aceptado por pérdida emocional.
Para José Luis el sexo es como un alimento vital de su ego. Hay un disfraz, una careta bajo la fantasía inventada del “semental feliz y eterno”. Vive con desesperanza, con miedo a no ser correspondido. Predica ser un “tránsfuga del amor sin límites”. Considera los fluidos de las mujeres como un empalagoso manjar. Si no fuera por estar en terapia, terminaría, abatido, ahogándose en sus propias obsesiones.
Le realizo una sesión de hipnosis, una regresión grabando la experiencia. José Luis narra una aventura sexual: “Preparo mi habitación para el ritual del mejor polvo de mi vida: velas, inciensos, disfraces, juguetes sexuales, látigos, esposas. Entra una rusa tetona de ojos turquesa con cola-less del mismo color. Ato sus manos al respaldo de la cama. Acaricio su fría vagina con piel de oso polar. Me grita que me odia, que soy impotente, trata de humillarme. Decido realizarle el Beso Mariposa: besarla entre los párpados de los ojos. La rusa se excita como una loba en celo, me ruega que la haga mía. La penetro derrumbando el Muro de Berlín, la Pared China, derritiendo Siberia y la “Guerra Fría” de su entrepierna. Eyaculo abundantemente como un toro semental. Al mirar el capullo de sus ojos, están vacíos, grises. La mariposa de su amor se ha ido, abandonándome”.
José Luis llora desgarradamente como un niño pequeño. Decido despertarlo de la hipnosis. Hago que escuche el casette con su testimonio. José Luis me confidencia su dolor: el gran amor de su vida fue Sasha, una joven ucraniana de Kiev que compró en 20 mil dólares en un Tour Romántico a Rusia. Se la trajo a Chile. Según él, Sasha tenia unos senos descomunales, paradisíacos: lograba asfixiarlo de placer carnívoro. Al hacer el amor, ponía los ojos en blanco. Le enseñó el Beso Mariposa. Besarle los párpados durante el orgasmo. Esa era su zona erógena secreta: la llave a sus cosquillas interiores. Con ese beso, la joven y fogosa chica esquimal del este, brindaba sus orgasmos como una Matrioska: esas tradicionales muñecas rusas pintadas de madera, que se van abriendo una adentro de la otra, de la más grande a la más pequeña. Sasha lo abandonó por su mejor amigo. Dice que Sasha es una buscona, una callejera, una prostituta. José Luis por despecho, se dedica a seducir mujeres manipulándoles las zonas erógenas. Esto lo ha vuelto inmaduro, inseguro y egocéntrico.
Le explico que requerirá por lo menos varios meses de terapia cognitiva-conductual para tratar su patología. Le encomiendo que se mantenga abstemio, sexualmente hablando. Se marcha, indignado, cree que no será capaz de mantenerse en celibato. Le digo que trate, que lo intente, que se rinda, que se mejore. Que el sexo no es una puerta giratoria. Aceptación, aceptación, aceptación. Si no hace el necesario luto para cicatrizar el alma, no podrá superar esta gran herida sangrante que lo martiriza. Sino va a ”enfaloquecer”: volverse loco por su propio falo.
Mis queridas lectoras (es), los invito a que cada individuo explore su cuerpo y descubra sus partes erógenas, activándolas de forma sana y consciente. Cada uno de nosotros somos nuestra propio “paraíso sexual”, podemos generarnos y generar placer a nuestras parejas en la medida que sepamos potenciar la comunicación con el otro. El sexo es de a dos, esa es la real y autentica búsqueda humana: placer entre patners. No se olviden de escribirme y proponer sus temas de interés, abrazos, su doctor Pepe Jot.
El cuerpo humano es un cóctel de zonas que producen sensaciones placenteras: los botones de pánico del placer carnal, aquellos donde se concentran un gran número de terminaciones nerviosas dueñas de una especial sensibilidad si son estimuladas adecuadamente. Cada persona posee un mapa erógeno exclusivo y particular. Cabello, ojos, cuello, nuca, hombros, pechos, brazos, espalda, vientre, muslos, nalgas, próstata, pies, clítoris, vagina, testículos y pene: botones del placer carnal.
Las zonas primarias, son las partes del cuerpo erógenas más sensibles, las que mejor responden ante cualquier toque sensual y la mejor vía para llegar a la excitación sexual. Su estimulación son una invitación segura al sexo. La partes mas sensibles son: la punta de los pezones y el clítoris en la mujer; el pene o las tetillas en el hombre.
Las zonas secundarias, como el cuello, el centro de la espalda, las orejas, la garganta, los labios, la parte anterior de las piernas, el ano, son partes del cuerpo que responden con altos niveles de placer y excitación, aunque con menor grado que las primarias.
El contacto y la estimulación de la piel es uno de los mayores componentes de la actividad sexual. Es muy importante aprender a acariciarse y a dejarse acariciar. No hay que concentrarse únicamente en las zonas erógenas comunes, ya que la piel está compuesta de una infinidad de puntos sensibles que hay que descubrir día tras día.
Esta semana atendí en mi consulta a José Luis, un juppy millonario de treinta y cinco años, un macho Alfa, un gigoló empedernido, un galán narciso y dominante. Durante la terapia abordamos lo que el clasifica como “el lado oscuro de sus deseos sexuales”: hacerle a las mujeres lo inimaginable para “ablandarlas psicológica y físicamente y terminar dominándolas en la cama”. Me manifestó que se siente poseído por pensamientos extraños, que siente que Eros arroja su hálito ardiente avasallando “las buenas costumbres” y eso, según él, provoca que Afrodita se vuelva loca en la libido de las mujeres. José Luis podría ser un típico psicópata sexual o sexopata, pero el tema de fondo, de raíz es más profundo: tiene un comportamiento infantil no aceptado por pérdida emocional.
Para José Luis el sexo es como un alimento vital de su ego. Hay un disfraz, una careta bajo la fantasía inventada del “semental feliz y eterno”. Vive con desesperanza, con miedo a no ser correspondido. Predica ser un “tránsfuga del amor sin límites”. Considera los fluidos de las mujeres como un empalagoso manjar. Si no fuera por estar en terapia, terminaría, abatido, ahogándose en sus propias obsesiones.
Le realizo una sesión de hipnosis, una regresión grabando la experiencia. José Luis narra una aventura sexual: “Preparo mi habitación para el ritual del mejor polvo de mi vida: velas, inciensos, disfraces, juguetes sexuales, látigos, esposas. Entra una rusa tetona de ojos turquesa con cola-less del mismo color. Ato sus manos al respaldo de la cama. Acaricio su fría vagina con piel de oso polar. Me grita que me odia, que soy impotente, trata de humillarme. Decido realizarle el Beso Mariposa: besarla entre los párpados de los ojos. La rusa se excita como una loba en celo, me ruega que la haga mía. La penetro derrumbando el Muro de Berlín, la Pared China, derritiendo Siberia y la “Guerra Fría” de su entrepierna. Eyaculo abundantemente como un toro semental. Al mirar el capullo de sus ojos, están vacíos, grises. La mariposa de su amor se ha ido, abandonándome”.
José Luis llora desgarradamente como un niño pequeño. Decido despertarlo de la hipnosis. Hago que escuche el casette con su testimonio. José Luis me confidencia su dolor: el gran amor de su vida fue Sasha, una joven ucraniana de Kiev que compró en 20 mil dólares en un Tour Romántico a Rusia. Se la trajo a Chile. Según él, Sasha tenia unos senos descomunales, paradisíacos: lograba asfixiarlo de placer carnívoro. Al hacer el amor, ponía los ojos en blanco. Le enseñó el Beso Mariposa. Besarle los párpados durante el orgasmo. Esa era su zona erógena secreta: la llave a sus cosquillas interiores. Con ese beso, la joven y fogosa chica esquimal del este, brindaba sus orgasmos como una Matrioska: esas tradicionales muñecas rusas pintadas de madera, que se van abriendo una adentro de la otra, de la más grande a la más pequeña. Sasha lo abandonó por su mejor amigo. Dice que Sasha es una buscona, una callejera, una prostituta. José Luis por despecho, se dedica a seducir mujeres manipulándoles las zonas erógenas. Esto lo ha vuelto inmaduro, inseguro y egocéntrico.
Le explico que requerirá por lo menos varios meses de terapia cognitiva-conductual para tratar su patología. Le encomiendo que se mantenga abstemio, sexualmente hablando. Se marcha, indignado, cree que no será capaz de mantenerse en celibato. Le digo que trate, que lo intente, que se rinda, que se mejore. Que el sexo no es una puerta giratoria. Aceptación, aceptación, aceptación. Si no hace el necesario luto para cicatrizar el alma, no podrá superar esta gran herida sangrante que lo martiriza. Sino va a ”enfaloquecer”: volverse loco por su propio falo.
Mis queridas lectoras (es), los invito a que cada individuo explore su cuerpo y descubra sus partes erógenas, activándolas de forma sana y consciente. Cada uno de nosotros somos nuestra propio “paraíso sexual”, podemos generarnos y generar placer a nuestras parejas en la medida que sepamos potenciar la comunicación con el otro. El sexo es de a dos, esa es la real y autentica búsqueda humana: placer entre patners. No se olviden de escribirme y proponer sus temas de interés, abrazos, su doctor Pepe Jot.
Sexo con Lenin: amor por el voto duro
(por Pepe Jot)
Mariana ingresó a mi despacho zigzagueando las caderas en una perfomance coquetoide sacada de las profundidades de su carne lujuriosa y narcisista. La hermosa veinteañera de ojos verdes y labios gruesos, a lo Angelina Jolie versión latinoamericana, ya no trae el pelo azul como en la sesión anterior: ahora, se tiñó los cabellos negro azabache. Este nuevo color le asignaba a su rostro el frescor del crepúsculo en los ojos y una tempestad ensordecedora en su boca. Sus rasgos camaleónicos posee el talento natural para seducir hombres. El desplante egocéntrico impregna la atmósfera de salvaje erotismo. Con sus arrumacos corpóreos es capaz de seducir y envenenar de pasión a un hombre, fragmentándolo perversamente hasta desangrarlo de amor. Las curvas benditas de su humanidad son como esquirlas: duelen al mirarla, alambres púas que se enredan en los párpados.
Dedicamos la terapia a su obsesión sexual: acostarse con un representante masculino de cada uno de los cuatro comandos presidenciales en disputa y al final decidir por cual votar. La semana pasada, se involucró con chico del Comando de MEO. Ahora, me narra con detalles su nueva aventura sexual.
“El weekend fui a una flor de peña zurda organizada por el Comando de Jorge Arrate destinada a reunir fondos para la campaña de su líder socialista. El evento se realizó en una casona vieja en las cercanías de la calle Cueto. Mientras tocaba sobre una modesta tarima “Schewenke y Nilo”, los contertulios bebían animosamente vino navegado en tazones de greda, riendo a pata suelta, tirándose tallas unos a otros. De vez en cuando, realizaban improvisados discursos mezclados con encendidos análisis políticos a micrófono abierto. Había una mezcla entre izquierda dura y whisky izquierda blanda con una efervescencia histórica con olor a UP, a GAP, a JAP, a SECH; FECH y otros términos que suenan a estornudo.
Un solitario cincuentón canoso con varios tragos encima, me invitó a sentarme en su mesa ubicada estratégicamente a un costado del escenario. Comenzó a piropearme, a insinuárseme con abiertas ganas de involucrarse conmigo. Me dijo que se llama Lenin Rojo, que era sociólogo, que estaba separado, que era padre de tres hijos, militante histórico del Partido Comunista y que, sin duda alguna, votaría por Arrate. Me invitó una botella de Casillero del Diablo acompañada de empanadas de queso y pino. Seguimos con una botella de ron y al final una menta frappe. Lenin tenía manos con surcos, el pelo cano y una belleza que comenzaba a apagarse por culpa de las arrugas germinadas por el pasar del tiempo. Ya ebrio, me manifestó sin protocolo alguno que deseaba “montarme toda la noche hasta la eternidad”. Lo encontré un roto exquisito.
Trepamos en su auto KIA y partimos rumbo a Nuñork. Durante el trayecto, Lenin se traga un par de Viagras que saca del bolsillo de su camisa. Le pregunto si es feliz. Me dice que el es un new rich pleno y plano. Me muero de la risa. Lenin soba mis muslos con su ásperas manos proletarias. Su paquete obrero despierta del letargo. Renace el moscovita con su voto duro, intolerante, termo céfalo.
Entramos al depto. La habitación de Lenin posee una cama de agua matrimonial. Sobre el techo hay pegado un amplio espejo. Arriba del ring de cuatro perillas, cuelga un viejo afiche enmarcado de Carlos Marx color sepia. En las paredes laterales hay afiches de Víctor Jara y de Violeta Parra en blanco y negro con expresiones de sufrimiento en sus rostros. Sobre la puerta del baño está clavada con chinches una banderita roja del PC con la oz y un martillo. Nos desnudamos en un dos por tres. Lenin huele con pasión mis cola-less rojo sangre. Me los arranca y se monta sobre mi como un caballo desbocado. Experimento un cuadro surrealista: Marx nos espía con una risa malvada, con una mirada inquisidora, termocéfala y calentona.
Mariana es una mujer sumamente inteligente. Tiene un excelente manejo del vocabulario, de las imágenes. Voy psicoanalizándola mientras me narra su reciente experiencia erótica. El rasgo Border Lane sumado a su bipolaridad saca a flote su obsesividad e impulsividad crónicas. La bella Mariana en ningún momento se autocastiga por su fijación demencial: acostarse de forma promiscua con diferentes hombres cada week-end, al contrario, se enorgullece de ser la gran protagonista de sus aventuras cívico-sexuales de una fantasiosa “revolución sexual chilensis postmoderna”.
“Siento su pene duro y caliente entrando en mi vagina, me mojo placenteramente. Lo que me gustó de Lenin, fue su forma bruta y tierna de tirar. Posee esa naturaleza animal, primitiva de los huasos chilenos: pasan de besarte las patitas a taladrarte de forma mecánica, entre tercianas y ataques convulsivos. Te dicen palabras cursis y románticas al oído como: perrita rica, flor hermosa, benditas las mujeres que habitan la tierra, amor de mis amores, etc, etc, etcLuego de tres satisfactorios polvos, Lenin se pone nostálgico. Me cuenta que pertenece a una humilde familia humilde, de esfuerzo, que sus papás fueron campesinos explotados por el capitalismo, que estuvo preso, que lo torturaron, que lo relegaron, que vivió en Suecia, que gracias a eso logró estudiar sociología en el extranjero, que si la derecha gana las elecciones, jura que se va auto-exiliar, que no sería capaz de aguantar “semejante maldición política”.
Clama a los cuatro vientos que el pueblo chileno no puede ser tan hueón para dejarse gobernar por los mismos momios fascistas que apoyaron al sanguinario ex dictador. Su monolítico discurso me hace olvidarme de la vigorosa noche sexual. Le aclaro que la palabra pueblo está caduca, que huele a naftalina. Lo actualizo: le informo que pasamos de la palabra “pueblo”, a la palabra “gente”, luego al vocablo “ciudadanía”, después se le bautizó como “opinión pública”. Ahora con la Internet y la web ha nacido una nueva raza de cibernautas virtuales llamada “el weblo”.
Escucho unos ronquidos: Lenin ronronea placidamente como si estuviese embalsamado bajo la Plaza Roja de Moscú. Me acuerdo que tengo los calzones rotos. . Me visto a lo gringo. Antes de marcharme, en un acto fetichista, decido apropiarme como recuerdo la bandera con la oz y el martillo, a cambio, le dejo mis colaless rojo sangre colgados en la puerta del baño”.
Interrogo a Mariana para que me diga que cosas positivas ha logrado acostándose con un hombre del Comando de MEO y ahora, con uno del comando de Arrate. Piensa unos segundos y responde: “una sobredosis de amor, de vanidad, de inmortalidad, el periodo de incubación del voto duro de la nueva generación de ciudadanas inscritas”. Mariana sufre de “divismo simbólico”. Posee una visión anarcoide, vitalista-erótica. Tiene la oxitocina, la hormona del amor a mil por hora Finaliza la terapia. Mariana se marcha sonriente jugando con el hechizo de sus caderas, ondulando su pelo negro azabache, amasando la tierra con sus fatídicas curvas rompe corazones.
La humanidad continuará fornicando, amándose y odiándose tormentosamente, buscando con desesperación en el exterior la placidez que está en nuestro interior, sin entender que la belleza es fugitiva con los años y que el verdadero amor es el silencio. Queridas lectoras (es): no se olviden de escribirme y mandarme sus opiniones, besos y abrazos, Pepe Jot.
Mariana ingresó a mi despacho zigzagueando las caderas en una perfomance coquetoide sacada de las profundidades de su carne lujuriosa y narcisista. La hermosa veinteañera de ojos verdes y labios gruesos, a lo Angelina Jolie versión latinoamericana, ya no trae el pelo azul como en la sesión anterior: ahora, se tiñó los cabellos negro azabache. Este nuevo color le asignaba a su rostro el frescor del crepúsculo en los ojos y una tempestad ensordecedora en su boca. Sus rasgos camaleónicos posee el talento natural para seducir hombres. El desplante egocéntrico impregna la atmósfera de salvaje erotismo. Con sus arrumacos corpóreos es capaz de seducir y envenenar de pasión a un hombre, fragmentándolo perversamente hasta desangrarlo de amor. Las curvas benditas de su humanidad son como esquirlas: duelen al mirarla, alambres púas que se enredan en los párpados.
Dedicamos la terapia a su obsesión sexual: acostarse con un representante masculino de cada uno de los cuatro comandos presidenciales en disputa y al final decidir por cual votar. La semana pasada, se involucró con chico del Comando de MEO. Ahora, me narra con detalles su nueva aventura sexual.
“El weekend fui a una flor de peña zurda organizada por el Comando de Jorge Arrate destinada a reunir fondos para la campaña de su líder socialista. El evento se realizó en una casona vieja en las cercanías de la calle Cueto. Mientras tocaba sobre una modesta tarima “Schewenke y Nilo”, los contertulios bebían animosamente vino navegado en tazones de greda, riendo a pata suelta, tirándose tallas unos a otros. De vez en cuando, realizaban improvisados discursos mezclados con encendidos análisis políticos a micrófono abierto. Había una mezcla entre izquierda dura y whisky izquierda blanda con una efervescencia histórica con olor a UP, a GAP, a JAP, a SECH; FECH y otros términos que suenan a estornudo.
Un solitario cincuentón canoso con varios tragos encima, me invitó a sentarme en su mesa ubicada estratégicamente a un costado del escenario. Comenzó a piropearme, a insinuárseme con abiertas ganas de involucrarse conmigo. Me dijo que se llama Lenin Rojo, que era sociólogo, que estaba separado, que era padre de tres hijos, militante histórico del Partido Comunista y que, sin duda alguna, votaría por Arrate. Me invitó una botella de Casillero del Diablo acompañada de empanadas de queso y pino. Seguimos con una botella de ron y al final una menta frappe. Lenin tenía manos con surcos, el pelo cano y una belleza que comenzaba a apagarse por culpa de las arrugas germinadas por el pasar del tiempo. Ya ebrio, me manifestó sin protocolo alguno que deseaba “montarme toda la noche hasta la eternidad”. Lo encontré un roto exquisito.
Trepamos en su auto KIA y partimos rumbo a Nuñork. Durante el trayecto, Lenin se traga un par de Viagras que saca del bolsillo de su camisa. Le pregunto si es feliz. Me dice que el es un new rich pleno y plano. Me muero de la risa. Lenin soba mis muslos con su ásperas manos proletarias. Su paquete obrero despierta del letargo. Renace el moscovita con su voto duro, intolerante, termo céfalo.
Entramos al depto. La habitación de Lenin posee una cama de agua matrimonial. Sobre el techo hay pegado un amplio espejo. Arriba del ring de cuatro perillas, cuelga un viejo afiche enmarcado de Carlos Marx color sepia. En las paredes laterales hay afiches de Víctor Jara y de Violeta Parra en blanco y negro con expresiones de sufrimiento en sus rostros. Sobre la puerta del baño está clavada con chinches una banderita roja del PC con la oz y un martillo. Nos desnudamos en un dos por tres. Lenin huele con pasión mis cola-less rojo sangre. Me los arranca y se monta sobre mi como un caballo desbocado. Experimento un cuadro surrealista: Marx nos espía con una risa malvada, con una mirada inquisidora, termocéfala y calentona.
Mariana es una mujer sumamente inteligente. Tiene un excelente manejo del vocabulario, de las imágenes. Voy psicoanalizándola mientras me narra su reciente experiencia erótica. El rasgo Border Lane sumado a su bipolaridad saca a flote su obsesividad e impulsividad crónicas. La bella Mariana en ningún momento se autocastiga por su fijación demencial: acostarse de forma promiscua con diferentes hombres cada week-end, al contrario, se enorgullece de ser la gran protagonista de sus aventuras cívico-sexuales de una fantasiosa “revolución sexual chilensis postmoderna”.
“Siento su pene duro y caliente entrando en mi vagina, me mojo placenteramente. Lo que me gustó de Lenin, fue su forma bruta y tierna de tirar. Posee esa naturaleza animal, primitiva de los huasos chilenos: pasan de besarte las patitas a taladrarte de forma mecánica, entre tercianas y ataques convulsivos. Te dicen palabras cursis y románticas al oído como: perrita rica, flor hermosa, benditas las mujeres que habitan la tierra, amor de mis amores, etc, etc, etcLuego de tres satisfactorios polvos, Lenin se pone nostálgico. Me cuenta que pertenece a una humilde familia humilde, de esfuerzo, que sus papás fueron campesinos explotados por el capitalismo, que estuvo preso, que lo torturaron, que lo relegaron, que vivió en Suecia, que gracias a eso logró estudiar sociología en el extranjero, que si la derecha gana las elecciones, jura que se va auto-exiliar, que no sería capaz de aguantar “semejante maldición política”.
Clama a los cuatro vientos que el pueblo chileno no puede ser tan hueón para dejarse gobernar por los mismos momios fascistas que apoyaron al sanguinario ex dictador. Su monolítico discurso me hace olvidarme de la vigorosa noche sexual. Le aclaro que la palabra pueblo está caduca, que huele a naftalina. Lo actualizo: le informo que pasamos de la palabra “pueblo”, a la palabra “gente”, luego al vocablo “ciudadanía”, después se le bautizó como “opinión pública”. Ahora con la Internet y la web ha nacido una nueva raza de cibernautas virtuales llamada “el weblo”.
Escucho unos ronquidos: Lenin ronronea placidamente como si estuviese embalsamado bajo la Plaza Roja de Moscú. Me acuerdo que tengo los calzones rotos. . Me visto a lo gringo. Antes de marcharme, en un acto fetichista, decido apropiarme como recuerdo la bandera con la oz y el martillo, a cambio, le dejo mis colaless rojo sangre colgados en la puerta del baño”.
Interrogo a Mariana para que me diga que cosas positivas ha logrado acostándose con un hombre del Comando de MEO y ahora, con uno del comando de Arrate. Piensa unos segundos y responde: “una sobredosis de amor, de vanidad, de inmortalidad, el periodo de incubación del voto duro de la nueva generación de ciudadanas inscritas”. Mariana sufre de “divismo simbólico”. Posee una visión anarcoide, vitalista-erótica. Tiene la oxitocina, la hormona del amor a mil por hora Finaliza la terapia. Mariana se marcha sonriente jugando con el hechizo de sus caderas, ondulando su pelo negro azabache, amasando la tierra con sus fatídicas curvas rompe corazones.
La humanidad continuará fornicando, amándose y odiándose tormentosamente, buscando con desesperación en el exterior la placidez que está en nuestro interior, sin entender que la belleza es fugitiva con los años y que el verdadero amor es el silencio. Queridas lectoras (es): no se olviden de escribirme y mandarme sus opiniones, besos y abrazos, Pepe Jot.
Sexo Express en tiempos de Erecciones- Elecciones
(por Pepe Jot)
Atendí en mi consulta a Mariana, una hermosa veinteañera de ojos verdes y labios gruesos, a lo Angelina Jolie versión latinoamericana. Mariana es una estudiante de teatro, sexy e histriónica. Es una mujer fashion, ondera, camaleónica: juega con la estética, el maquillaje y la vestimenta. Usa el pelo azul. Sin vergüenza alguna, plantea su obsesión: acostarse con un representante de cada uno de los cuatro comandos presidenciales en disputa. La bella Mariana desea comprobar una descabellada tesis: ¡el poder sexual es más trascendental que el poder político! Dice que esta será su acción de arte díscola, desquiciada, anti-sistémica pero democrática. Su frase del bronce queda impregnada en mi memoria: “Soy una fogosa votante que idolatra a los machos de los partidos políticos, me inscribí para ejercer mi derecho feminista a la diversidad política, erótico y sexual”.
Mariana, con total desplante me narra su primera conquista: “El sábado en la noche, me di una vuelta por el Liguria (el Lijuria). Este popular y taquillero bar de Santiago, se ha transformado en una especie de Sede del comando del candidato presidencial independiente, Marco Enríquez- Ominami, MEO. El lugar estaba atiborrado de contertulios deseosos de trabajar por MEO, de besar a MEO, de sobarle el lomo a MEO. La euforia colectiva se encuentra en su punto de ebullición. El antro está colapsado de asistentes que consideran a su Líder, como el Barak Obama chilensis.
Me visto con una provocativa mini falda con un peto verde limón fosforescente. Me siento, estratégicamente, en la barra junto a un chico guapo con pinta de intelectualoide en jeans y mangas de camisa. Para seducirlo, lo miro a los ojos, lengüeteándome los labios, acariciándome las piernas, tirando el vil anzuelo que no falla. Él minito rico me observa de reojo, con timidez. Comienza a excitarse. Le hago cambio de luces, dando luz verde al libertinaje corpóreo, metiéndole conversa. Me dice que se llama Simón, que es el fotógrafo oficial de MEO. Usa gel y tiene el mismo gesto de su líder para arreglarse el pelo, pienso, que quizás esas cosas se pegan. Me enseña una foto de una “Garra de León”: la flor más hermosa del desierto florido chileno, le da un beso a la imagen y me la obsequia. Guardo la foto en mi cartera. Sus amigos nos miran con picardía: odian e idolatran a su patner, a esa latura, lo consideran como uno de los suertudos que se sacó el Loto. Me siento la flor más deseada de la noche.
Pedimos unos pisco sour. Nos acabamos los tragos velozmente. Pedimos otra ronda, luego otra y otra más. En un par de horas estamos bajo los efectos de una desenfrenada borrachera. Nos reímos por cualquier estupidez, nos miramos, fogosamente. Simón pega su escultural cuerpo junto al mío. Apoya su cabeza en mi hombro. El hálito a pétalos de rosas descompuestas de su boca, me embriaga con su dulce veneno. Nos besamos, efusivamente, acariciándonos los cuerpos. Introduce sus grandes manos bajo mi diminuto calzón, abriéndose paso hasta mi sexo ardiente, jugoso. Con la otra mano me acaricia mis puntiagudos senos. Me suplica que vayamos a un motel, que no aguanta mas, que desea de forma, urgente hacer el amor hasta desmayarse de placer. El alcohol ha transformado a Simón en un tipo canchero: sonríe como un payaso lujurioso. Simón paga la cuenta. Salimos hechos un rayo. Trepamos a un taxi deslizándonos por Pío Nono hacia las profundidades del Barrio Bellavista. Paramos en el primer motel que vemos: una casona vieja a punto de desmoronarse. Reservamos un atelier. Entramos, nos desnudamos, casi arrancándonos la ropa.
Simón es sensible, tímido: un caliente reprimido, un mamón. Nos besamos, intensamente, activando la chispa de la pasión animal. En mi rol de hembra fogosa, de mujer fatal, mordisqueo el lóbulo de su oreja: Simón se estremece. Beso su grueso cuello. Eriza sus poros sudorosos. Huele a una mezcla afrodisíaca entre mandarina y azafrán. Bajo, lentamente, hasta su ombligo. Introduzco la punta de mi lengua: Simón, gime, se contorsiona. Me coge la cabeza, llevándome ansiosamente hasta su entrepierna. Simón contrae los músculos del estomago, estalla en mil pedazos en mi boca. Bebo el néctar de su pene volcánico. Succiono las cosquillas de su desierto florido. Para cargar energía, bebemos un ron de dudosa procedencia fumando ansiosamente. Estamos listos con el break.
Le pido que me monte. Abro las piernas, ofreciendo la urna. Me penetra con su voto duro. Clava sus uñas en mi espalda. Simón, el goloso, se corre por segunda vez. Arroja sus dardos de fuego en la papeleta de mi vientre.
Soy la Díscola de los ojos ardientes. Para zafar, lo abofeteo, lo insulto. Le digo que es igual a mi ex pololo, igual que todos los hombres: “prometen, prometen hasta que lo meten”. Le grito que se que me va abandonar. Que todos me usan y me abandonan. Con esta actuación magistral, me siento evangelizando con el sexo, la política contingente, saneando la historia-histérica de Chile hot Simón se pone a llorar. Me dice que soy la princesa que está buscando, la candidata de su corazón, la Presidenta de sus besos. Que está dispuesto a pertenecer a mi partido sexual, a cuidarme y jugársela por mi. Le digo que es tarde, que debo irme. Me despido y salgo a la calle. Montada en un taxi, me diluyo por las calles de Santiago. El próximo fin de semana, continuaré ejerciendo mi “derecho cívico”, evangelizándome con un miembro del comando de Sebastián Piñera, de Arrate o del conglomerado de Frei. Me teñiré de rubia, de morena y pelirroja, respectivamente. “Vivir, votar, follar y amar: que sublime condena, democrática chilena”.
Termina la hora de Mariana. Le digo que debo verla en terapia una vez por semana, que está en la típica conducta obsesiva de la “adolescente rebelde come-hombres” necesitada de ternura y afecto masculino. Me dice que esta saga continuará, que aun le faltan 3 comandos por recorrer, que al final, decidirá a cual candidato le regala su poto, digo su voto. Sonríe con una mueca pícara y luego, sale dichosa de mi consulta, moviendo sus atractivas caderas díscolas. Sufre de soledad interior y grandiosidad sexual.
En el lado oscuro del poder y deseo sexual, Eros arroja sus dardos de fuego sobre los poderosos y Afrodita es capaz de volverlos locos de remate. En los anales de la historia existe una nutrida lista de poderosos y famosos que sucumbieron por culpa de la sexo ardiente de las mujeres: El Presidente Kennedy y su aventura amorosa con el mayor icono sexual de la historia: Marilyn Monroe; El Che Guevara y su aventura con Tania, La Guerrillera y muchas otras; Fidel Castro a quien apodan “el Potro” por su mitológica fogosidad sexual; Bill Clinton y su escandalosa aventura o “relación no apropiada” con la becaria Mónica Leiwinsky en la sala Oval de la Casa Blanca; John Lennon y su obsesión sexual con Yoko Ono, mujer culpable para muchos fans de la destrucción de The Beatles y que decir del Presidente Italiano Berlusconi y su adicción al sexo con prostitutas caras. En fin, la lista es larga.
Según José Ortega y Gasset, “El hombre se diferencia del animal en que bebe sin sed y ama sin tiempo”. Es verdad, el instinto sexual es uno de los más poderosos, después del apetito y la sed “humanas”. El poderío sexual le gana al poder político. En nuestra sociedad actual, la mujer que tenga cogido a su hombre por los “cocos”, es capaz de ejercer el poder psicológico, físico, financiero, social y político sobre él, si se lo propone. Una teoría en relación al poder sexual femenino es que las mujeres son víctimas de una sociedad patriarcal, ciudadanas de segunda clase, sin derechos, que ganan menos dinero; que están subestimadas, culturalmente, por ser consideradas mujeres-objeto. Mariana ha llegado para romper esa ley, ese mito añejo con olor a naftalina. La bella Mariana pertenece a la nueva camada de hembras que gobernaran el planeta con el “triangulo de luz” de sus poderosos vientres de fuego. No se olviden de escribirme y contarme sus historias. Gracias a todas las lectoras (es) que me han escrito. Besos y abrazos, Pepe Jot.
(por Pepe Jot)
Atendí en mi consulta a Mariana, una hermosa veinteañera de ojos verdes y labios gruesos, a lo Angelina Jolie versión latinoamericana. Mariana es una estudiante de teatro, sexy e histriónica. Es una mujer fashion, ondera, camaleónica: juega con la estética, el maquillaje y la vestimenta. Usa el pelo azul. Sin vergüenza alguna, plantea su obsesión: acostarse con un representante de cada uno de los cuatro comandos presidenciales en disputa. La bella Mariana desea comprobar una descabellada tesis: ¡el poder sexual es más trascendental que el poder político! Dice que esta será su acción de arte díscola, desquiciada, anti-sistémica pero democrática. Su frase del bronce queda impregnada en mi memoria: “Soy una fogosa votante que idolatra a los machos de los partidos políticos, me inscribí para ejercer mi derecho feminista a la diversidad política, erótico y sexual”.
Mariana, con total desplante me narra su primera conquista: “El sábado en la noche, me di una vuelta por el Liguria (el Lijuria). Este popular y taquillero bar de Santiago, se ha transformado en una especie de Sede del comando del candidato presidencial independiente, Marco Enríquez- Ominami, MEO. El lugar estaba atiborrado de contertulios deseosos de trabajar por MEO, de besar a MEO, de sobarle el lomo a MEO. La euforia colectiva se encuentra en su punto de ebullición. El antro está colapsado de asistentes que consideran a su Líder, como el Barak Obama chilensis.
Me visto con una provocativa mini falda con un peto verde limón fosforescente. Me siento, estratégicamente, en la barra junto a un chico guapo con pinta de intelectualoide en jeans y mangas de camisa. Para seducirlo, lo miro a los ojos, lengüeteándome los labios, acariciándome las piernas, tirando el vil anzuelo que no falla. Él minito rico me observa de reojo, con timidez. Comienza a excitarse. Le hago cambio de luces, dando luz verde al libertinaje corpóreo, metiéndole conversa. Me dice que se llama Simón, que es el fotógrafo oficial de MEO. Usa gel y tiene el mismo gesto de su líder para arreglarse el pelo, pienso, que quizás esas cosas se pegan. Me enseña una foto de una “Garra de León”: la flor más hermosa del desierto florido chileno, le da un beso a la imagen y me la obsequia. Guardo la foto en mi cartera. Sus amigos nos miran con picardía: odian e idolatran a su patner, a esa latura, lo consideran como uno de los suertudos que se sacó el Loto. Me siento la flor más deseada de la noche.
Pedimos unos pisco sour. Nos acabamos los tragos velozmente. Pedimos otra ronda, luego otra y otra más. En un par de horas estamos bajo los efectos de una desenfrenada borrachera. Nos reímos por cualquier estupidez, nos miramos, fogosamente. Simón pega su escultural cuerpo junto al mío. Apoya su cabeza en mi hombro. El hálito a pétalos de rosas descompuestas de su boca, me embriaga con su dulce veneno. Nos besamos, efusivamente, acariciándonos los cuerpos. Introduce sus grandes manos bajo mi diminuto calzón, abriéndose paso hasta mi sexo ardiente, jugoso. Con la otra mano me acaricia mis puntiagudos senos. Me suplica que vayamos a un motel, que no aguanta mas, que desea de forma, urgente hacer el amor hasta desmayarse de placer. El alcohol ha transformado a Simón en un tipo canchero: sonríe como un payaso lujurioso. Simón paga la cuenta. Salimos hechos un rayo. Trepamos a un taxi deslizándonos por Pío Nono hacia las profundidades del Barrio Bellavista. Paramos en el primer motel que vemos: una casona vieja a punto de desmoronarse. Reservamos un atelier. Entramos, nos desnudamos, casi arrancándonos la ropa.
Simón es sensible, tímido: un caliente reprimido, un mamón. Nos besamos, intensamente, activando la chispa de la pasión animal. En mi rol de hembra fogosa, de mujer fatal, mordisqueo el lóbulo de su oreja: Simón se estremece. Beso su grueso cuello. Eriza sus poros sudorosos. Huele a una mezcla afrodisíaca entre mandarina y azafrán. Bajo, lentamente, hasta su ombligo. Introduzco la punta de mi lengua: Simón, gime, se contorsiona. Me coge la cabeza, llevándome ansiosamente hasta su entrepierna. Simón contrae los músculos del estomago, estalla en mil pedazos en mi boca. Bebo el néctar de su pene volcánico. Succiono las cosquillas de su desierto florido. Para cargar energía, bebemos un ron de dudosa procedencia fumando ansiosamente. Estamos listos con el break.
Le pido que me monte. Abro las piernas, ofreciendo la urna. Me penetra con su voto duro. Clava sus uñas en mi espalda. Simón, el goloso, se corre por segunda vez. Arroja sus dardos de fuego en la papeleta de mi vientre.
Soy la Díscola de los ojos ardientes. Para zafar, lo abofeteo, lo insulto. Le digo que es igual a mi ex pololo, igual que todos los hombres: “prometen, prometen hasta que lo meten”. Le grito que se que me va abandonar. Que todos me usan y me abandonan. Con esta actuación magistral, me siento evangelizando con el sexo, la política contingente, saneando la historia-histérica de Chile hot Simón se pone a llorar. Me dice que soy la princesa que está buscando, la candidata de su corazón, la Presidenta de sus besos. Que está dispuesto a pertenecer a mi partido sexual, a cuidarme y jugársela por mi. Le digo que es tarde, que debo irme. Me despido y salgo a la calle. Montada en un taxi, me diluyo por las calles de Santiago. El próximo fin de semana, continuaré ejerciendo mi “derecho cívico”, evangelizándome con un miembro del comando de Sebastián Piñera, de Arrate o del conglomerado de Frei. Me teñiré de rubia, de morena y pelirroja, respectivamente. “Vivir, votar, follar y amar: que sublime condena, democrática chilena”.
Termina la hora de Mariana. Le digo que debo verla en terapia una vez por semana, que está en la típica conducta obsesiva de la “adolescente rebelde come-hombres” necesitada de ternura y afecto masculino. Me dice que esta saga continuará, que aun le faltan 3 comandos por recorrer, que al final, decidirá a cual candidato le regala su poto, digo su voto. Sonríe con una mueca pícara y luego, sale dichosa de mi consulta, moviendo sus atractivas caderas díscolas. Sufre de soledad interior y grandiosidad sexual.
En el lado oscuro del poder y deseo sexual, Eros arroja sus dardos de fuego sobre los poderosos y Afrodita es capaz de volverlos locos de remate. En los anales de la historia existe una nutrida lista de poderosos y famosos que sucumbieron por culpa de la sexo ardiente de las mujeres: El Presidente Kennedy y su aventura amorosa con el mayor icono sexual de la historia: Marilyn Monroe; El Che Guevara y su aventura con Tania, La Guerrillera y muchas otras; Fidel Castro a quien apodan “el Potro” por su mitológica fogosidad sexual; Bill Clinton y su escandalosa aventura o “relación no apropiada” con la becaria Mónica Leiwinsky en la sala Oval de la Casa Blanca; John Lennon y su obsesión sexual con Yoko Ono, mujer culpable para muchos fans de la destrucción de The Beatles y que decir del Presidente Italiano Berlusconi y su adicción al sexo con prostitutas caras. En fin, la lista es larga.
Según José Ortega y Gasset, “El hombre se diferencia del animal en que bebe sin sed y ama sin tiempo”. Es verdad, el instinto sexual es uno de los más poderosos, después del apetito y la sed “humanas”. El poderío sexual le gana al poder político. En nuestra sociedad actual, la mujer que tenga cogido a su hombre por los “cocos”, es capaz de ejercer el poder psicológico, físico, financiero, social y político sobre él, si se lo propone. Una teoría en relación al poder sexual femenino es que las mujeres son víctimas de una sociedad patriarcal, ciudadanas de segunda clase, sin derechos, que ganan menos dinero; que están subestimadas, culturalmente, por ser consideradas mujeres-objeto. Mariana ha llegado para romper esa ley, ese mito añejo con olor a naftalina. La bella Mariana pertenece a la nueva camada de hembras que gobernaran el planeta con el “triangulo de luz” de sus poderosos vientres de fuego. No se olviden de escribirme y contarme sus historias. Gracias a todas las lectoras (es) que me han escrito. Besos y abrazos, Pepe Jot.
Sexo Tántrico: el arco iris de la sonrisa vertical
(por Pepe Jot)
Ahora que hacen 33 grados en Santiago, ando más caliente que nunca. Y Chile también. No dejo de mirar minas ricas en la calle y ellas coquetean de lo lindo, ahora con menos ropa. Después de mi húmedo polvito mañanero, con la incondicional (la cinco dedos) parto agradeciendo a mis lectoras (es) que me han escrito sugiriendo temas y apoyando mi humilde labor. Una de mis nuevas fans propuso el sexo tártrico, otras las orgías, el sexo lésbico y la atracción de los hombres hacia las mujeres que se besan. Una detractora, Dominique escribió desde Paris apelando a un solo vocablo: ¡Roto!. Te mando un beso, te lo agradezco: estoy a favor de la libertad de expresión y respeto la diversidad de opiniones: no te olvides, mi sección se llama “Sexo con Humor”, nunca pierdas “eso”. Me comprometo a contestarles a todas (os) los que me escriban a mi blog. Basado en ustedes, les narro esta experiencia de calor, humedad, sexo, carne y hueso recién experimentada coincidente con sus peticiones sexuales.
En mi calidad de Sexólogo, me invitaron a pasar un week-end en torno a una maratón de yoga y sexo tántrico. El lugar del magno-evento: una espaciosa parcela en el Cajón del Maipo, cercana a la frontera con Argentina con cien invitados cosmopolitas: mucha farándula, gente famosa de la TV, empresarios exitosos y uno que otro político influyente, todos becados por la gentileza de la chequera de un multimillonario ecologista Green Peace. Me topé con colegas de Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay, Colombia, Venezuela, México y Chile. Dentro de la delegación de comensales existia un simpático grupo de gays y lesbianas, de diferentes edades. El cuadro plástico de dos fogosas tortilleras, les puso, a los “pajaritos nuevos”, la sangre en orbita, en placida ebullición. La dupla de feministas-talibanes- shiitas, se introdujeron, mutuamente, sus largas lenguas de serpiente hasta las amígdalas, poseídas por el sopor del placer carnal sin limites.
Frente a nosotros, la Cordillera de los Andes sacude las caderas blancas y tres cóndores en extinción, se contorsionan eróticamente en el cielo patrio. Me siento feliz, en éxtasis, agradezco estar vivo en el ahora, aquí.
“Tantra” tiene su origen en dos palabras milenarias del sánscrito cuyo significado es “expansión y liberación”. Es una forma de enseñanza budista e hindú que considera el sexo como una forma de expansión y exploración de la espiritualidad.
El Tantra yoga se relaciona con la naturaleza y las energías que la rodean, y se sirve de técnicas que pertenecen al Hatha yoga y al Kundalini yoga. Los practicantes de yoga tántrica suelen utilizar la meditación en ceremonias de purificación y también para llevar a cabo algunas técnicas para la sublimación de la energía sexual y su conversión a energía espiritual, es decir, la instrumentalización ancestral del acto sexual terrenal. En el Sexo Tántrico se utilizan los cinco sentidos del cuerpo hasta el extra-límite, su filosofía se basa en la búsqueda orgásmica: el placer individual y el de la pareja, como un solo cuerpo, como una gran y jugosa matriz.
Para los “solos”, hicieron un sorteo. Por mágico destino, me tocó de pareja tártrica una sensual chica de veintitantos, llamada Isidora: !que bello nombre¡. Al observarla, veo por primera vez a la mujer más hermosa del universo, con los ojos más ardientes del Firmamento. Su belleza duele, da miedo. Siento ganas de besarla intensamente en la boca. Isidora, la “principiante”, utiliza el nombre místico de “Estrella Luminosa”. Me han pedido que sea su maestro sexual. Debo sanearla de un profundo dolor: la pus del despecho de amor. Con solo verla, me he enamorado loca y platónicamente de la luz que fluye de su sonrisa “discola”. Como un esteta, contemplo su anatomía, saboreando, de paso, la miel espiritual de su aura. Es infinitamente deseable. La hermosa Isidora, irradia una potente sensualidad animal: ramilletes de sex-appel fluyen de sus poros. Es un imán de amor y emocionalidad. Tiene la piel morena esculpida con rayos láser. Todo es sublime en esta Diosa con rasgos polinesios. ¡Rica por delante y por detrás! Sublime desde las orejas, la frente, la cuenca de los ojos, los pómulos, la nariz, la comisura de los labios, las manos, los brazos, pasando por el cuello, los hombros, la espalda con el tatuaje de una letrita japonesa impresa en el omoplato derecho, los senos, el ombligo, las caderas, los muslos, los glúteos, los talones, hasta llegar a la planta de los pies.
Me presento con una gran sonrisa. Isidora, me abraza por largo rato, oliéndome el cuello, como una felina en celo. Somos, tal para cual: dos chispas de pasión, hambrientas de caricias, deseosas de intercambiar la pirotecnia de las cosquillas technicolor, de exprimirnos mutuamente, sin culpas ni tóxicos caldos de cabeza religiosos, económicos, políticos o sociales.
En lo personal, sin ser pedante, tengo conocimientos avanzados en sexo tántrico: puedo contener la eyaculación por varias horas seguidas y tener orgasmos intensos, gracias a ello. Lo más difícil es conectarse químicamente para que esa sintonía sexual funda los orgasmos en una sola y gran cosquilla orgásmica con tu pareja, paralizando los fluidos.
A la guapa Isidora y a mi, nos destinaron la última cabaña del lugar, la más solitaria. Dejamos nuestros bolsos, nos pusimos nuestras batas y provistos de chalas y toallas, partimos a darnos un gratificante baño de aguas termales. Llegamos hasta una piscina de piedra. Nos sumergimos a más de 40 grados en una sopa de sales minerales, exquisita. Nos abrazamos, nos besamos, con ternura, sin prisa ni ansiedades de ningún tipo, focalizando las caricias. Isidora trepa sobre mi. Mi alumna estrella, está excitada por el calor y la humedad, interna y extrena. Su energía sexual me provoca una gran erección. La penetro, rítmicamente, con maestría y delicadeza. Isidora se estremece de placer, embriagada por mis besos. Està gemebunda. Continuo controlando la eyaculación, fundiendo mi espera con el espacio y el tiempo. De forma consciente, le enseño a activar su Punto G: una apretada “mano de gato” se apodera, placenteramente, de mi hinchado miembro viril. Isidora revienta en mil pedazos en un “arcoiris de sonrisa universal”. Clava sus uñas en mi espalda sin provocarme el menor daño, brindándome su corazón de cristal, de cuarzo blanco. Me acoplo a su orgasmo, sintiéndome libre y esclavo. Bebo en sus labios, la hormona rebelde hecha con cosquillas de fuego y frenesí. Con sonrisa de sandía, agradezco el orgasmo recién regalado con ternura por Estrella Luminosa hacia mi ser erótico. Hago el signo de Namasté con las manos que significa el “Dios en mí ve y honra al Dios en ti”. Hemos iniciado una relación efervescente, transplantado la pena en placer, alejados de la esgrima sexual, bàsica.
Salimos desnudos del agua sacando vapor. Pasamos de la Era del Fuego a la Era del Hielo. El frío lengüetea nuestras pieles. Procedemos a cubrirnos los cuerpos desnudos con las batas.
Temblando, corremos, cogidos de una mano, como dos enamorados. Participamos en la Clase de Bikram Yoga en una sala calefaccionada a 42 grados. Nos ponemos nuestros respectivos trajes de baño marca Shakti. Isidora cubre sus generosas curvas con un short café con corte a la cadera y un peto diminuto, con delgados tirantes. Se hace un moño torniquete, tipo tomate. Se ve preciosa como una modelo pascuense. Acostado sobre la alfombra, le contemplo su hermoso culo, con devoción ancestral. Al percatarse, Estrella Luminosa sonríe, intensamente con mucho glamour.
Beso la risa tántrica de Isidora y ella, apasionada, se traga mis labios con su boca carnosa, paradisíaca. Estamos acostados sobre mat de cabeza a unos grandes espejos, sin dejar de mirarnos. Hay unas quince parejas mas, no pescamos: nos deseamos, apasionadamente. El yogui comienza con los ejercicios de respiración Pranayamas, una manera de prolongar del aliento y su restricción. Isidora realiza magistralmente las veintiséis posturas sanadoras. Es una profesional ejecutando el arco parado y el camello. La clase suda pedazos de corazones rotos, pulmones, hígados, lágrimas, abandono, estrés, obsesiones múltiples. El calor nos derrite el ego. El profe abre las puertas unos segundos: el aire helado penetra en la sala lengüeteándonos los cuerpos hirvientes. ¡Bendido tutifruti de sanación!: calor, humedad, cuerpos desnudos, sexos hirvientes sacando veneno, toxinas y hierro por los poros.
Isidora y yo experimentamos tres días inolvidables de amor puro. Mucho sexo sano, yoga, comida vegetariana, aire puro, ternura. Descubrí algo mágico-surrealista en Estrella Luminosa: cambia la tonalidad de sus cabellos, camaleónicamente. Al amanecer, su pelo negro azabache muta a una tonalidad de rizos amarillos frente al sol y al atardecer, su cabellera se torna de color rojo cobrizo. Isidora es de otro mundo. ¡Tuve el mejor sexo de mi vida con una “extraterrestre” que habita en el azul del crepúsculo del “Coño Sur”! Isidora: ¡te amo, locamente! Somos almas gemelas. Mi nota final para ti: “un hermoso 7” en tu ombligo. Próximo tema: “Zonas Erógenas, partes del cuerpo que te excitan”. Escríbeme, dame tu opinión, cuéntame tu historia. Besos y abrazos, tu fogoso doctor Pepe Jot.
Ahora que hacen 33 grados en Santiago, ando más caliente que nunca. Y Chile también. No dejo de mirar minas ricas en la calle y ellas coquetean de lo lindo, ahora con menos ropa. Después de mi húmedo polvito mañanero, con la incondicional (la cinco dedos) parto agradeciendo a mis lectoras (es) que me han escrito sugiriendo temas y apoyando mi humilde labor. Una de mis nuevas fans propuso el sexo tártrico, otras las orgías, el sexo lésbico y la atracción de los hombres hacia las mujeres que se besan. Una detractora, Dominique escribió desde Paris apelando a un solo vocablo: ¡Roto!. Te mando un beso, te lo agradezco: estoy a favor de la libertad de expresión y respeto la diversidad de opiniones: no te olvides, mi sección se llama “Sexo con Humor”, nunca pierdas “eso”. Me comprometo a contestarles a todas (os) los que me escriban a mi blog. Basado en ustedes, les narro esta experiencia de calor, humedad, sexo, carne y hueso recién experimentada coincidente con sus peticiones sexuales.
En mi calidad de Sexólogo, me invitaron a pasar un week-end en torno a una maratón de yoga y sexo tántrico. El lugar del magno-evento: una espaciosa parcela en el Cajón del Maipo, cercana a la frontera con Argentina con cien invitados cosmopolitas: mucha farándula, gente famosa de la TV, empresarios exitosos y uno que otro político influyente, todos becados por la gentileza de la chequera de un multimillonario ecologista Green Peace. Me topé con colegas de Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay, Colombia, Venezuela, México y Chile. Dentro de la delegación de comensales existia un simpático grupo de gays y lesbianas, de diferentes edades. El cuadro plástico de dos fogosas tortilleras, les puso, a los “pajaritos nuevos”, la sangre en orbita, en placida ebullición. La dupla de feministas-talibanes- shiitas, se introdujeron, mutuamente, sus largas lenguas de serpiente hasta las amígdalas, poseídas por el sopor del placer carnal sin limites.
Frente a nosotros, la Cordillera de los Andes sacude las caderas blancas y tres cóndores en extinción, se contorsionan eróticamente en el cielo patrio. Me siento feliz, en éxtasis, agradezco estar vivo en el ahora, aquí.
“Tantra” tiene su origen en dos palabras milenarias del sánscrito cuyo significado es “expansión y liberación”. Es una forma de enseñanza budista e hindú que considera el sexo como una forma de expansión y exploración de la espiritualidad.
El Tantra yoga se relaciona con la naturaleza y las energías que la rodean, y se sirve de técnicas que pertenecen al Hatha yoga y al Kundalini yoga. Los practicantes de yoga tántrica suelen utilizar la meditación en ceremonias de purificación y también para llevar a cabo algunas técnicas para la sublimación de la energía sexual y su conversión a energía espiritual, es decir, la instrumentalización ancestral del acto sexual terrenal. En el Sexo Tántrico se utilizan los cinco sentidos del cuerpo hasta el extra-límite, su filosofía se basa en la búsqueda orgásmica: el placer individual y el de la pareja, como un solo cuerpo, como una gran y jugosa matriz.
Para los “solos”, hicieron un sorteo. Por mágico destino, me tocó de pareja tártrica una sensual chica de veintitantos, llamada Isidora: !que bello nombre¡. Al observarla, veo por primera vez a la mujer más hermosa del universo, con los ojos más ardientes del Firmamento. Su belleza duele, da miedo. Siento ganas de besarla intensamente en la boca. Isidora, la “principiante”, utiliza el nombre místico de “Estrella Luminosa”. Me han pedido que sea su maestro sexual. Debo sanearla de un profundo dolor: la pus del despecho de amor. Con solo verla, me he enamorado loca y platónicamente de la luz que fluye de su sonrisa “discola”. Como un esteta, contemplo su anatomía, saboreando, de paso, la miel espiritual de su aura. Es infinitamente deseable. La hermosa Isidora, irradia una potente sensualidad animal: ramilletes de sex-appel fluyen de sus poros. Es un imán de amor y emocionalidad. Tiene la piel morena esculpida con rayos láser. Todo es sublime en esta Diosa con rasgos polinesios. ¡Rica por delante y por detrás! Sublime desde las orejas, la frente, la cuenca de los ojos, los pómulos, la nariz, la comisura de los labios, las manos, los brazos, pasando por el cuello, los hombros, la espalda con el tatuaje de una letrita japonesa impresa en el omoplato derecho, los senos, el ombligo, las caderas, los muslos, los glúteos, los talones, hasta llegar a la planta de los pies.
Me presento con una gran sonrisa. Isidora, me abraza por largo rato, oliéndome el cuello, como una felina en celo. Somos, tal para cual: dos chispas de pasión, hambrientas de caricias, deseosas de intercambiar la pirotecnia de las cosquillas technicolor, de exprimirnos mutuamente, sin culpas ni tóxicos caldos de cabeza religiosos, económicos, políticos o sociales.
En lo personal, sin ser pedante, tengo conocimientos avanzados en sexo tántrico: puedo contener la eyaculación por varias horas seguidas y tener orgasmos intensos, gracias a ello. Lo más difícil es conectarse químicamente para que esa sintonía sexual funda los orgasmos en una sola y gran cosquilla orgásmica con tu pareja, paralizando los fluidos.
A la guapa Isidora y a mi, nos destinaron la última cabaña del lugar, la más solitaria. Dejamos nuestros bolsos, nos pusimos nuestras batas y provistos de chalas y toallas, partimos a darnos un gratificante baño de aguas termales. Llegamos hasta una piscina de piedra. Nos sumergimos a más de 40 grados en una sopa de sales minerales, exquisita. Nos abrazamos, nos besamos, con ternura, sin prisa ni ansiedades de ningún tipo, focalizando las caricias. Isidora trepa sobre mi. Mi alumna estrella, está excitada por el calor y la humedad, interna y extrena. Su energía sexual me provoca una gran erección. La penetro, rítmicamente, con maestría y delicadeza. Isidora se estremece de placer, embriagada por mis besos. Està gemebunda. Continuo controlando la eyaculación, fundiendo mi espera con el espacio y el tiempo. De forma consciente, le enseño a activar su Punto G: una apretada “mano de gato” se apodera, placenteramente, de mi hinchado miembro viril. Isidora revienta en mil pedazos en un “arcoiris de sonrisa universal”. Clava sus uñas en mi espalda sin provocarme el menor daño, brindándome su corazón de cristal, de cuarzo blanco. Me acoplo a su orgasmo, sintiéndome libre y esclavo. Bebo en sus labios, la hormona rebelde hecha con cosquillas de fuego y frenesí. Con sonrisa de sandía, agradezco el orgasmo recién regalado con ternura por Estrella Luminosa hacia mi ser erótico. Hago el signo de Namasté con las manos que significa el “Dios en mí ve y honra al Dios en ti”. Hemos iniciado una relación efervescente, transplantado la pena en placer, alejados de la esgrima sexual, bàsica.
Salimos desnudos del agua sacando vapor. Pasamos de la Era del Fuego a la Era del Hielo. El frío lengüetea nuestras pieles. Procedemos a cubrirnos los cuerpos desnudos con las batas.
Temblando, corremos, cogidos de una mano, como dos enamorados. Participamos en la Clase de Bikram Yoga en una sala calefaccionada a 42 grados. Nos ponemos nuestros respectivos trajes de baño marca Shakti. Isidora cubre sus generosas curvas con un short café con corte a la cadera y un peto diminuto, con delgados tirantes. Se hace un moño torniquete, tipo tomate. Se ve preciosa como una modelo pascuense. Acostado sobre la alfombra, le contemplo su hermoso culo, con devoción ancestral. Al percatarse, Estrella Luminosa sonríe, intensamente con mucho glamour.
Beso la risa tántrica de Isidora y ella, apasionada, se traga mis labios con su boca carnosa, paradisíaca. Estamos acostados sobre mat de cabeza a unos grandes espejos, sin dejar de mirarnos. Hay unas quince parejas mas, no pescamos: nos deseamos, apasionadamente. El yogui comienza con los ejercicios de respiración Pranayamas, una manera de prolongar del aliento y su restricción. Isidora realiza magistralmente las veintiséis posturas sanadoras. Es una profesional ejecutando el arco parado y el camello. La clase suda pedazos de corazones rotos, pulmones, hígados, lágrimas, abandono, estrés, obsesiones múltiples. El calor nos derrite el ego. El profe abre las puertas unos segundos: el aire helado penetra en la sala lengüeteándonos los cuerpos hirvientes. ¡Bendido tutifruti de sanación!: calor, humedad, cuerpos desnudos, sexos hirvientes sacando veneno, toxinas y hierro por los poros.
Isidora y yo experimentamos tres días inolvidables de amor puro. Mucho sexo sano, yoga, comida vegetariana, aire puro, ternura. Descubrí algo mágico-surrealista en Estrella Luminosa: cambia la tonalidad de sus cabellos, camaleónicamente. Al amanecer, su pelo negro azabache muta a una tonalidad de rizos amarillos frente al sol y al atardecer, su cabellera se torna de color rojo cobrizo. Isidora es de otro mundo. ¡Tuve el mejor sexo de mi vida con una “extraterrestre” que habita en el azul del crepúsculo del “Coño Sur”! Isidora: ¡te amo, locamente! Somos almas gemelas. Mi nota final para ti: “un hermoso 7” en tu ombligo. Próximo tema: “Zonas Erógenas, partes del cuerpo que te excitan”. Escríbeme, dame tu opinión, cuéntame tu historia. Besos y abrazos, tu fogoso doctor Pepe Jot.
El Perfume sexy de los orgasmos
(por Pepe Jot)
Hoy abordaremos el tema propuesto por una lectora: “Sexo y Olores”. Podríamos partir preguntándonos: ¿Qué función desempeñan los olores corpóreos transformándose en potentes estimulantes y afrodisíacos en los seres humanos?
Los olores corporales desempeñan un papel significativo en la comunicación sexual: son un motor de arranque, el necesario pre-ambulo para la copulación. Los seres humanos reconocen y se excitan gracias a los olores que emanan de las diferentes partes del cuerpo como las denominadas feromonas contenidas en el sudor de hombres y mujeres. Y que decir con los fluidos de la entrepierna: son una bomba explosiva que activan todo tipo de sensaciones y emociones. Olores: el halo radiactivo de la calentura.
En Paraíso Escondido, una paradisíaca playa azteca, me involucré sentimentalmente con Dominique, una joven y bella francesa mochilera. En un ardiente verano, bebimos mezcal en torno a una fogata hecha con cocos secos. Bajo la luna llena, interpretamos un afeirre en do mayor, transformándose en una noche mágica para ambos. Fuimos testigos de una escena de la naturaleza inolvidable: el desove de una docena de tortugas milenarias llamadas caguamas. Al igual que otras especies de tortugas marinas, es difícil determinar la edad en que la caguama llega a la madurez sexual; sin embargo, estudios han estimado que alcanza la madurez sexual entre los 16 a 40 años. La tortuga caguama anida entre cuatro y siete veces por temporada, pero no anida todos los años - solo vuelve a poner en intervalos de dos años o mas. El período entre cada nidada es de 12 a 14 días. Cada nido tiene entre 100 a 130 huevos, con un período de incubación promedio de 60 días. Por desgracia, los pescadores mexicanos les roban los huevos a estos indefensos reptiles acuáticos para comercializarlos con los turistas: los huevos a la ostra (crudos con limón y sal), son muy cotizados para curar la caña mala post farra y potente afrodisíaco.
Antes de comenzar la sesión de sexo fogoso y animalezco, Dominique me olió los sobacos, auto-provocándose un éxtasis tal, que, insólitamente, mojó su entrepierna, con abundancia. Acto seguido: me invitó a olerle las axilas que eran bastante peludas como buena francesa. Se sacó la ropa interior y me hizo saborearle el pubis rizado con mis narices como un perrito mastín. Ese perfume sublime entre orina y lumen de hembra viajera, me excitó como un burro en primavera. La franchute era un culer repleto de feromonas, rebeldes y libertinas. Dominique enterró mi nariz en su coño anaranjado: olía exquisitamente a queso Camberbert-Roquefort. Gracias al tutifruti de olores mutuos, nos transformamos en dos felices máquinas recién aceitadas. Nuestros olores provocaron una serie de reacciones químico-biológicas en nuestro libido. Le besé los senos con devoción tercermundista. Prendidos por la chispa de la pasión, follamos, deliciosamente sin parar, acostados sobre una tela de batik, dispuesta sobre la arena blanca. Plenos, dichosos, felices: intercambiando los fluidos, compartiendo el perfume sexy de nuestros orgasmos.
Exhausta, Dominique se acostó desnuda de espaldas a contemplar las estrellas del Firmamento. Pude observar sus dos sonrisas luminosas: la de la boca y la de la entrepierna. Al ponerse de pie, quedo impresa en la arena su columna vertebral como un collar de perlas pre-histórico.
Cuando he tenido la suerte de viajar a Francia , me persigue ese “perfume sexy” a tortuga marina mezclado con el queso Camembert-Roquefort. Las nalgas a la ostra y los senos con limón imaginarios de Dominique están impregnados en los vagones del metro parisino. Eso me excita, anónima y placenteramente. La bella Dominique, ocupa un lugar privilegiado en la memoria de mis cosquillas sexuales. El paradisíaco olor de sus axilas, el néctar espumoso de su vulva, su saliva hirviente, el lumen brotando de su interior como el Mapocho River navegable: ¡Un placer perpetuo que me acompañará hasta la última de mis re-encarnaciones!
Otro olor que me vuelve loco es el perfume de las mujeres impregnado en sus cuellos. Me recuerda uno de mis libros favoritos: El perfume: historia de un asesino, novela del escritor alemán Patrick Süskind, publicada en 1985 bajo el título original Das Parfum, die Geschichte eines Mörders. Libro que se convirtió en un best seller y que fue traducido a más de cuarenta lenguas en todo el mundo. El perfume, transporta al lector a un mundo con el que no está familiarizado, "el apasionante reino de los olores", a través de su protagonista, Jean-Baptiste Grenouille. Este psicópata trata de hacer un potente perfume sexual-afrodisíaco destilando la grasa y hormonas de las mujeres que acosa y de las cuales se enamora enfermizamente. Sublime: mientras uno lee, pueden olerse las descripciones. Un Libro Mágico, con olores.
La fragancia de los fluidos femeninos, me traen a la memoria, una de mis películas favoritas: Perfume de Mujer. Al Pacino ganó el Oscar por su interpretación de Frank Slade, un ex militar ciego y maniático que se prepara para el último fin de semana de su vida. Al Pacino, interpreta a un no vidente donJuán capaz de oler el apasionante perfume corpóreo de una fémina a distancia. Y que decir de 9 Semanas y Media con Mickey Rourke y Kim Basinger con los ojos vendados. Esa sesión de sexo en la cocina con comida es un clásico: ají, frutillas, crema, hielo: sabores y olores explosivos. Toda mujer desea ser seducida por hombres sensibles, lúdicos, exploradores de emociones nuevas. Las hembras buscan la luz en el olfato. Buscan ciegos- iluminados, machos fogosos que les carguen las pilas con un buen polvo eléctrico, energizante, sexy, tierno y oloroso.
Hablando de “olores nacionales”, no hay nada más chilensis que los olores de La Vega. Todo turista debería olfatear nuestra cultura y modo de ser visitando este mercado de frutas y verduras del Indio Pícaro. Afinando bien los orificios, no falta ese olor sublime de la hembra sexy latina, “la caserita” califa, autóctonamente coqueta y cachera. Como un “vaginauta virtual”, me abro camino entre las axilas depiladas de mis amadas y calientes compatriotas en búsqueda de la mujer de piel aceitosa que perfume mis cosquillas con el arco iris de sus feromonas díscolas. Muchos abrazos y apretones de Nalga para mis caseritas hermosas, las deseo fogozamente: Pepe Jot.
Próximo tema: “sexo, humedad y calor”. Mándame tu historia, anécdota u opinión.
Hoy abordaremos el tema propuesto por una lectora: “Sexo y Olores”. Podríamos partir preguntándonos: ¿Qué función desempeñan los olores corpóreos transformándose en potentes estimulantes y afrodisíacos en los seres humanos?
Los olores corporales desempeñan un papel significativo en la comunicación sexual: son un motor de arranque, el necesario pre-ambulo para la copulación. Los seres humanos reconocen y se excitan gracias a los olores que emanan de las diferentes partes del cuerpo como las denominadas feromonas contenidas en el sudor de hombres y mujeres. Y que decir con los fluidos de la entrepierna: son una bomba explosiva que activan todo tipo de sensaciones y emociones. Olores: el halo radiactivo de la calentura.
En Paraíso Escondido, una paradisíaca playa azteca, me involucré sentimentalmente con Dominique, una joven y bella francesa mochilera. En un ardiente verano, bebimos mezcal en torno a una fogata hecha con cocos secos. Bajo la luna llena, interpretamos un afeirre en do mayor, transformándose en una noche mágica para ambos. Fuimos testigos de una escena de la naturaleza inolvidable: el desove de una docena de tortugas milenarias llamadas caguamas. Al igual que otras especies de tortugas marinas, es difícil determinar la edad en que la caguama llega a la madurez sexual; sin embargo, estudios han estimado que alcanza la madurez sexual entre los 16 a 40 años. La tortuga caguama anida entre cuatro y siete veces por temporada, pero no anida todos los años - solo vuelve a poner en intervalos de dos años o mas. El período entre cada nidada es de 12 a 14 días. Cada nido tiene entre 100 a 130 huevos, con un período de incubación promedio de 60 días. Por desgracia, los pescadores mexicanos les roban los huevos a estos indefensos reptiles acuáticos para comercializarlos con los turistas: los huevos a la ostra (crudos con limón y sal), son muy cotizados para curar la caña mala post farra y potente afrodisíaco.
Antes de comenzar la sesión de sexo fogoso y animalezco, Dominique me olió los sobacos, auto-provocándose un éxtasis tal, que, insólitamente, mojó su entrepierna, con abundancia. Acto seguido: me invitó a olerle las axilas que eran bastante peludas como buena francesa. Se sacó la ropa interior y me hizo saborearle el pubis rizado con mis narices como un perrito mastín. Ese perfume sublime entre orina y lumen de hembra viajera, me excitó como un burro en primavera. La franchute era un culer repleto de feromonas, rebeldes y libertinas. Dominique enterró mi nariz en su coño anaranjado: olía exquisitamente a queso Camberbert-Roquefort. Gracias al tutifruti de olores mutuos, nos transformamos en dos felices máquinas recién aceitadas. Nuestros olores provocaron una serie de reacciones químico-biológicas en nuestro libido. Le besé los senos con devoción tercermundista. Prendidos por la chispa de la pasión, follamos, deliciosamente sin parar, acostados sobre una tela de batik, dispuesta sobre la arena blanca. Plenos, dichosos, felices: intercambiando los fluidos, compartiendo el perfume sexy de nuestros orgasmos.
Exhausta, Dominique se acostó desnuda de espaldas a contemplar las estrellas del Firmamento. Pude observar sus dos sonrisas luminosas: la de la boca y la de la entrepierna. Al ponerse de pie, quedo impresa en la arena su columna vertebral como un collar de perlas pre-histórico.
Cuando he tenido la suerte de viajar a Francia , me persigue ese “perfume sexy” a tortuga marina mezclado con el queso Camembert-Roquefort. Las nalgas a la ostra y los senos con limón imaginarios de Dominique están impregnados en los vagones del metro parisino. Eso me excita, anónima y placenteramente. La bella Dominique, ocupa un lugar privilegiado en la memoria de mis cosquillas sexuales. El paradisíaco olor de sus axilas, el néctar espumoso de su vulva, su saliva hirviente, el lumen brotando de su interior como el Mapocho River navegable: ¡Un placer perpetuo que me acompañará hasta la última de mis re-encarnaciones!
Otro olor que me vuelve loco es el perfume de las mujeres impregnado en sus cuellos. Me recuerda uno de mis libros favoritos: El perfume: historia de un asesino, novela del escritor alemán Patrick Süskind, publicada en 1985 bajo el título original Das Parfum, die Geschichte eines Mörders. Libro que se convirtió en un best seller y que fue traducido a más de cuarenta lenguas en todo el mundo. El perfume, transporta al lector a un mundo con el que no está familiarizado, "el apasionante reino de los olores", a través de su protagonista, Jean-Baptiste Grenouille. Este psicópata trata de hacer un potente perfume sexual-afrodisíaco destilando la grasa y hormonas de las mujeres que acosa y de las cuales se enamora enfermizamente. Sublime: mientras uno lee, pueden olerse las descripciones. Un Libro Mágico, con olores.
La fragancia de los fluidos femeninos, me traen a la memoria, una de mis películas favoritas: Perfume de Mujer. Al Pacino ganó el Oscar por su interpretación de Frank Slade, un ex militar ciego y maniático que se prepara para el último fin de semana de su vida. Al Pacino, interpreta a un no vidente donJuán capaz de oler el apasionante perfume corpóreo de una fémina a distancia. Y que decir de 9 Semanas y Media con Mickey Rourke y Kim Basinger con los ojos vendados. Esa sesión de sexo en la cocina con comida es un clásico: ají, frutillas, crema, hielo: sabores y olores explosivos. Toda mujer desea ser seducida por hombres sensibles, lúdicos, exploradores de emociones nuevas. Las hembras buscan la luz en el olfato. Buscan ciegos- iluminados, machos fogosos que les carguen las pilas con un buen polvo eléctrico, energizante, sexy, tierno y oloroso.
Hablando de “olores nacionales”, no hay nada más chilensis que los olores de La Vega. Todo turista debería olfatear nuestra cultura y modo de ser visitando este mercado de frutas y verduras del Indio Pícaro. Afinando bien los orificios, no falta ese olor sublime de la hembra sexy latina, “la caserita” califa, autóctonamente coqueta y cachera. Como un “vaginauta virtual”, me abro camino entre las axilas depiladas de mis amadas y calientes compatriotas en búsqueda de la mujer de piel aceitosa que perfume mis cosquillas con el arco iris de sus feromonas díscolas. Muchos abrazos y apretones de Nalga para mis caseritas hermosas, las deseo fogozamente: Pepe Jot.
Próximo tema: “sexo, humedad y calor”. Mándame tu historia, anécdota u opinión.
Embarazadas: mujeres de fuego
Me fui a mi casa en Metro. Era la hora peak. ¡Hacia un calor de los mil demonios! Los vagones olían a rodilla obrera, a entrepierna jugosa de secretaria traje dos piezas, a poto juvenil, a viejos vinagres y micro-empresarios pasados a perfume barato. Esto, sumado al e’mail de María del Carmen, una de mis lectoras que opinó sobre un oriental impregnado a ajo y jengibre, decidí dedicar la próxima columna (después de esta) al tema de “los olores y el sexo.
En el Metro, me topé a Mario, un amigo de infancia. No nos veíamos por lo menos hace tres años. Me contó que su esposa Maria de la Luz estaba embarazada de cuatro meses. Ojeroso, confesó con cara de chicle derretido que su amada lo tenía seco como escupo de camello: quería hacer el amor todo el tiempo y en todos lados. Mariluz andaba caliente como hervidor. Según él, se había transformado en una chica vibrante, lujuriosa, en constante éxtasis sexual. Al despertar, lo obligaba a comerle la flor exótica, a beber el néctar mágico de su entrepierna. Luego, le exigía por lo menos dos polvos seguidos: uno por delante y otro por atrás. Se sentía usado, explotado, no daba más. No sabia como decirle “NO” sin herirla.
Le explique a mi amigo Mario que las cargas hormonales, la irrigación sanguínea y la exaltación de los estrógenos, convierten a las embarazadas, generalmente, en ‘mujeres de fuego’. Que mientras transcurren los meses de gestación, a pesar de que existen posiciones sexuales que les incomodan por el peso de la barriga, para estas musas con guata, el coito es algo saludable, liberador de estrés, tanto para ellas como para la pareja. Inclusive, personalmente, creo que para el feto también es algo sano: le llueven descargas cosquilludas que lo revitalizan, de forma inconsciente. Y lo mas importante: es una forma sutil de demostrar que te aman, de coquetear y flirtear con su mandril, digo con su macho o menos, el perpetuador del ADN familiar.
Mario me pidió que nos bajamos en Plaza Italia. En el exterior, se puso a llorar. Necesitaba purificar el alma, desahogarse conmigo. ¡Shuta y sin las boletas de mi consulta!, jaja. Me confesó que era “eyaculador precoz debido a su afición a la masturbación”. Se sentía como un revolver a fulminantes, una pistola de agua con el resorte vencido, oxidado. Sexualmente, duraba menos que un Candi, lo que un peo en un canasto. Le dije, que todo tenía solución: Que copulara como los conejos: varios polvos cortitos, seguidos. Que usara los dedos, la lengua, la boca, los pies. No le causó gracia.
Seguí en mi rol educativo de especialista en Cachas-cas-can: Amigo, durante los tres primeros meses de la gestación pueden presentarse tres tipos de reacciones sexuales en las féminas con esculturales guatas. “Primero, el complejo de culpa y rechazo sexual o inhibición; segundo, miedo a raíz de los cambios físicos que se están generando, y tercero, el apetito sexual se potencia por la carga hormonal”. Mario se sentía victima de esto ultimo.
Le confidencié que con mis tres ex esposas, hice el amor hasta casi el día que parieron. Las tres fueron más desinhibidas que nunca, activando sus “fuegos interiores” gracias a las caricias corpóreas. No hay cosa mas sublime en la vida sexual que follarse a una futura mamita fogosa, sujetar sus caderas, hundirse en su vientre, en su melosa matriz universal. Abrirse camino en esa cueva estrecha, jugosa, acolchada. Penetrarlas rítmicamente, con delicadeza, besarles el rostro con ternura. Morderles los pezones, lamerles los senos hinchados Embarazadas: Mujeres globo, subespecie de minas cachondas, dueñas del halo radioactivo de la calentura. Sirenas inflamadas de sexo, de vida, de luz cósmica y cosquillas multicolores. Mario se despidió y entré, nuevamente al Metro. Me tocó una embarazada treintañera. Le miré las estrías y me excité. Irradiaba vida y eso me provocó una gran inflamación.
Nunca me ha simpatizado el termino chabacano de “se enfermó”= “mujer preñada” y “mejorarse”= “parir”. Tiene una carga machista, negativa, anti natura. Aborrezco esos términos campechanos. La imagen que encuentro hermosa, poética es “dar a luz”. Es verdad, para mi, las mujeres son seres celestiales capaces de parir estrellas cósmicas. La amo: me alimento de sus cosquillas.
Gracias a todas (os) los que me han escrito. No se olviden de enviarme sus comentarios e historias sobre el próximo temazo: “los olores y el sexo”. Un beso en el ombligo para las futuras embarazadas, doctor Pepe Jot.
En el Metro, me topé a Mario, un amigo de infancia. No nos veíamos por lo menos hace tres años. Me contó que su esposa Maria de la Luz estaba embarazada de cuatro meses. Ojeroso, confesó con cara de chicle derretido que su amada lo tenía seco como escupo de camello: quería hacer el amor todo el tiempo y en todos lados. Mariluz andaba caliente como hervidor. Según él, se había transformado en una chica vibrante, lujuriosa, en constante éxtasis sexual. Al despertar, lo obligaba a comerle la flor exótica, a beber el néctar mágico de su entrepierna. Luego, le exigía por lo menos dos polvos seguidos: uno por delante y otro por atrás. Se sentía usado, explotado, no daba más. No sabia como decirle “NO” sin herirla.
Le explique a mi amigo Mario que las cargas hormonales, la irrigación sanguínea y la exaltación de los estrógenos, convierten a las embarazadas, generalmente, en ‘mujeres de fuego’. Que mientras transcurren los meses de gestación, a pesar de que existen posiciones sexuales que les incomodan por el peso de la barriga, para estas musas con guata, el coito es algo saludable, liberador de estrés, tanto para ellas como para la pareja. Inclusive, personalmente, creo que para el feto también es algo sano: le llueven descargas cosquilludas que lo revitalizan, de forma inconsciente. Y lo mas importante: es una forma sutil de demostrar que te aman, de coquetear y flirtear con su mandril, digo con su macho o menos, el perpetuador del ADN familiar.
Mario me pidió que nos bajamos en Plaza Italia. En el exterior, se puso a llorar. Necesitaba purificar el alma, desahogarse conmigo. ¡Shuta y sin las boletas de mi consulta!, jaja. Me confesó que era “eyaculador precoz debido a su afición a la masturbación”. Se sentía como un revolver a fulminantes, una pistola de agua con el resorte vencido, oxidado. Sexualmente, duraba menos que un Candi, lo que un peo en un canasto. Le dije, que todo tenía solución: Que copulara como los conejos: varios polvos cortitos, seguidos. Que usara los dedos, la lengua, la boca, los pies. No le causó gracia.
Seguí en mi rol educativo de especialista en Cachas-cas-can: Amigo, durante los tres primeros meses de la gestación pueden presentarse tres tipos de reacciones sexuales en las féminas con esculturales guatas. “Primero, el complejo de culpa y rechazo sexual o inhibición; segundo, miedo a raíz de los cambios físicos que se están generando, y tercero, el apetito sexual se potencia por la carga hormonal”. Mario se sentía victima de esto ultimo.
Le confidencié que con mis tres ex esposas, hice el amor hasta casi el día que parieron. Las tres fueron más desinhibidas que nunca, activando sus “fuegos interiores” gracias a las caricias corpóreas. No hay cosa mas sublime en la vida sexual que follarse a una futura mamita fogosa, sujetar sus caderas, hundirse en su vientre, en su melosa matriz universal. Abrirse camino en esa cueva estrecha, jugosa, acolchada. Penetrarlas rítmicamente, con delicadeza, besarles el rostro con ternura. Morderles los pezones, lamerles los senos hinchados Embarazadas: Mujeres globo, subespecie de minas cachondas, dueñas del halo radioactivo de la calentura. Sirenas inflamadas de sexo, de vida, de luz cósmica y cosquillas multicolores. Mario se despidió y entré, nuevamente al Metro. Me tocó una embarazada treintañera. Le miré las estrías y me excité. Irradiaba vida y eso me provocó una gran inflamación.
Nunca me ha simpatizado el termino chabacano de “se enfermó”= “mujer preñada” y “mejorarse”= “parir”. Tiene una carga machista, negativa, anti natura. Aborrezco esos términos campechanos. La imagen que encuentro hermosa, poética es “dar a luz”. Es verdad, para mi, las mujeres son seres celestiales capaces de parir estrellas cósmicas. La amo: me alimento de sus cosquillas.
Gracias a todas (os) los que me han escrito. No se olviden de enviarme sus comentarios e historias sobre el próximo temazo: “los olores y el sexo”. Un beso en el ombligo para las futuras embarazadas, doctor Pepe Jot.
Presentacion Sexual por Pepe Jot
Queridos Chilenas y Chilenos: Me llamo Pepe Jot con “J”. Pueden reírse a pata suelta: estoy acostumbrado. Todos se mofan al pronunciar mi apellido: “Hot”= “Caliente”, si, a mucha honra. Les cuento de mi: tengo 45 años, tres matrimonios a cuestas. Soy padre de cuatro hijos: dos con mi primera mujer, uno con la segunda y otro con la tercera. Ahora estoy soltero, la verdad, vivo feliz. Soy sexólogo con un magíster en “Placer Sexual de Parejas” y terapeuta en “Risoterapia”. Durante la semana atiendo pacientes en mi consulta privada. He escrito varios libros de sexualidad. Constantemente, me invitan a Seminarios Internacionales a impartir charlas. Humildemente, me considero un cosmopolita en este tema: he viajado mucho y conozco diversas culturas y realidades. Mi filosofía de vida es que: “se puede ser feliz sexualmente, viviendo el presente, sacándole el jugo al amor con humor”. De ahí, el nombre de esta sección: “Sexo con Humor”.
Quiero invitarlos, afectuosamente, a que saquemos la ropa interior al sol. La idea es que yo pondré un tema específico cada semana. Ustedes deben enviar sus comentarios por e´mail, contarme sus experiencias sexuales, plantear sus dudas, inclusive proponer temas de interés. Incluiré sus opiniones, claro que lo haré: creo en la “participación sexual”. Quiero ayudarlos a tener una vida más plena, más intensa, mas auténtica. “El erotismo nos hace libres”.
Hoy, debutaremos con este tema:
¡Sexualidad Multirracial!
Sexo con rubios (as), morenos (as), pelirrojos (as), negros (as), orientales, hindúes, gringos (as), franceses (as), italianos (as), etc. ¡Atrévete, participa, escríbeme, rompe el hielo, cuéntame tu experiencia o fantasía al respecto!
La Tierra está habitada por 6.800 millones de personas en el planeta, según las ultimas estimaciones de los demógrafos que estudian los grandes desafíos del crecimiento de la población mundial. Esta población está desigualmente repartida sobre la superficie de la Tierra. Los seis países más poblados son China, India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil y Pakistán.
Solo, en el 2005, se calculaba que de cada 100 personas que habitan en el mundo, 61 viven en Asia, 14 en África, 11 en Europa, 9 en América Latina, 5 en América del Norte y menos de una persona en Oceanía.
Los países reciben olas sucesivas de inmigrantes venidos de todos los confines del planeta. Esto produce, una mezcla racial de gentes y colores. Personas de colores diferentes que se mezclan en un “Paraíso Multirracial Sexual”. Cada uno con su cultura, sus hábitos, sus gustos, religiones, formas de ser. No es lo mismo un brasilero, un cubano, un colombiano que un ruso, un coreano o un francés. En la modernidad, es hasta exótico, chic, taquillero ser una pareja multirracial. ¿Pero que hace que los seres humanos elijamos o nos encandilemos sexualmente, con tal o cual raza?
Hoy venía pensando en eso del sexo multirracial. Hice un experimento. Al bajarme del Metro, en la U. de Chile, me quedé parado en el Paseo Ahumada observando a las mujeres que pasaban. Eran de diferentes edades, contexturas, color de cabellos, estilos, razas. Me atrajo solamente una morena de unos 33 años. Me encandiló su pelo, su forma de caminar, su onda, su estilo, su cuerpo. Siempre es así. Me gustan “latinas”, de treinta y tantos, independientes, separadas, con o sin hijos. El resto de las hembras, el océano de mujeres transeúntes no me interesó. Sólo esa anónimo amor platónico que se esfumó en el hormiguero de gente del centro de Santiago.
Hace diez años atrás, atendí a una paciente: Verónica, empresaria exitosa de 40 años. Llegó a mi consulta “destruida”. Su patología sexual se relacionaba con el tema “social y racial”. Clasificaba a las personas en dos grupos antagónicos: gente superior e inferior, blancos y negros, ricos versus rotos, etc. Puede sonar crudo, cruel, poco humano, hasta estúpido. Ese prejuicio invisible, la hacía sufrir. Me dijo que odiaba a los negros porque huelen asqueroso y parecen monos, que nunca se acostaría con uno, menos, echar a perder la raza blanca. Con las terapias llegamos al hueso: Verónica sufría porque se consideraba frígida. Ningún hombre blanco había logrado satisfacerla. Fingía los orgasmos, además había nacido en una familia pobre. Odiaba a los negros porque inconscientemente los envidiaba por ser más felices que los blancos con menos cosas materiales. Después de seis meses de terapia, le impuse que fuera a una salsoteca de cubanos y tomara clases de salsa con un profesor negro. Partió: fue obediente. Comenzó a ir todos los fines de semana a ese lugar. Andaba alegre, radiante, vivaz. Luego, se fue de vacaciones a Brasil. Se acostó con un negro, el tipo la enloqueció. Verónica descubrió que era multi-orgásmica. Actualmente, esta casada con ese negro brasilero y tienen 2 hijos en común. Verónica se atrevió a cambiar el suich mental, su tranca, apostó por lo más difícil: escarbar sus trancas, enfrentar los fantasmas, los miedos internos. Verónica se liberó, soltó la mochila de plomo que la asfixiaba y logró hacer su proyecto de vida de forma sana. Actualmente, Verónica, trabaja en un organismo internacional preocupada de los niños pobres en Etiopía.
Quiero ser super transparente. Me he acostado con negras, orientales, gringas, europeas, latinas. Recuerdo con agradecimiento y placer cada ombligo, cadera, cabello, pubis, glúteo, seno, caricia, beso, orgasmo y sonrisa: blanca, negra, roja, verde o amarilla. No pongo a tal raza o color de piel, arriba o abajo, una de otra. Para mi: todas las mujeres son un paraíso celestial. Las amo, las respeto, aprendo de ellas. Me gusta generarles placer y que me lo generen. Soy un romántico fogoso, un orgulloso cachero universal. Cuéntame tu experiencia, aventura, historia, opinión. Atentamente, Doctor Pepe Jot.
Quiero invitarlos, afectuosamente, a que saquemos la ropa interior al sol. La idea es que yo pondré un tema específico cada semana. Ustedes deben enviar sus comentarios por e´mail, contarme sus experiencias sexuales, plantear sus dudas, inclusive proponer temas de interés. Incluiré sus opiniones, claro que lo haré: creo en la “participación sexual”. Quiero ayudarlos a tener una vida más plena, más intensa, mas auténtica. “El erotismo nos hace libres”.
Hoy, debutaremos con este tema:
¡Sexualidad Multirracial!
Sexo con rubios (as), morenos (as), pelirrojos (as), negros (as), orientales, hindúes, gringos (as), franceses (as), italianos (as), etc. ¡Atrévete, participa, escríbeme, rompe el hielo, cuéntame tu experiencia o fantasía al respecto!
La Tierra está habitada por 6.800 millones de personas en el planeta, según las ultimas estimaciones de los demógrafos que estudian los grandes desafíos del crecimiento de la población mundial. Esta población está desigualmente repartida sobre la superficie de la Tierra. Los seis países más poblados son China, India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil y Pakistán.
Solo, en el 2005, se calculaba que de cada 100 personas que habitan en el mundo, 61 viven en Asia, 14 en África, 11 en Europa, 9 en América Latina, 5 en América del Norte y menos de una persona en Oceanía.
Los países reciben olas sucesivas de inmigrantes venidos de todos los confines del planeta. Esto produce, una mezcla racial de gentes y colores. Personas de colores diferentes que se mezclan en un “Paraíso Multirracial Sexual”. Cada uno con su cultura, sus hábitos, sus gustos, religiones, formas de ser. No es lo mismo un brasilero, un cubano, un colombiano que un ruso, un coreano o un francés. En la modernidad, es hasta exótico, chic, taquillero ser una pareja multirracial. ¿Pero que hace que los seres humanos elijamos o nos encandilemos sexualmente, con tal o cual raza?
Hoy venía pensando en eso del sexo multirracial. Hice un experimento. Al bajarme del Metro, en la U. de Chile, me quedé parado en el Paseo Ahumada observando a las mujeres que pasaban. Eran de diferentes edades, contexturas, color de cabellos, estilos, razas. Me atrajo solamente una morena de unos 33 años. Me encandiló su pelo, su forma de caminar, su onda, su estilo, su cuerpo. Siempre es así. Me gustan “latinas”, de treinta y tantos, independientes, separadas, con o sin hijos. El resto de las hembras, el océano de mujeres transeúntes no me interesó. Sólo esa anónimo amor platónico que se esfumó en el hormiguero de gente del centro de Santiago.
Hace diez años atrás, atendí a una paciente: Verónica, empresaria exitosa de 40 años. Llegó a mi consulta “destruida”. Su patología sexual se relacionaba con el tema “social y racial”. Clasificaba a las personas en dos grupos antagónicos: gente superior e inferior, blancos y negros, ricos versus rotos, etc. Puede sonar crudo, cruel, poco humano, hasta estúpido. Ese prejuicio invisible, la hacía sufrir. Me dijo que odiaba a los negros porque huelen asqueroso y parecen monos, que nunca se acostaría con uno, menos, echar a perder la raza blanca. Con las terapias llegamos al hueso: Verónica sufría porque se consideraba frígida. Ningún hombre blanco había logrado satisfacerla. Fingía los orgasmos, además había nacido en una familia pobre. Odiaba a los negros porque inconscientemente los envidiaba por ser más felices que los blancos con menos cosas materiales. Después de seis meses de terapia, le impuse que fuera a una salsoteca de cubanos y tomara clases de salsa con un profesor negro. Partió: fue obediente. Comenzó a ir todos los fines de semana a ese lugar. Andaba alegre, radiante, vivaz. Luego, se fue de vacaciones a Brasil. Se acostó con un negro, el tipo la enloqueció. Verónica descubrió que era multi-orgásmica. Actualmente, esta casada con ese negro brasilero y tienen 2 hijos en común. Verónica se atrevió a cambiar el suich mental, su tranca, apostó por lo más difícil: escarbar sus trancas, enfrentar los fantasmas, los miedos internos. Verónica se liberó, soltó la mochila de plomo que la asfixiaba y logró hacer su proyecto de vida de forma sana. Actualmente, Verónica, trabaja en un organismo internacional preocupada de los niños pobres en Etiopía.
Quiero ser super transparente. Me he acostado con negras, orientales, gringas, europeas, latinas. Recuerdo con agradecimiento y placer cada ombligo, cadera, cabello, pubis, glúteo, seno, caricia, beso, orgasmo y sonrisa: blanca, negra, roja, verde o amarilla. No pongo a tal raza o color de piel, arriba o abajo, una de otra. Para mi: todas las mujeres son un paraíso celestial. Las amo, las respeto, aprendo de ellas. Me gusta generarles placer y que me lo generen. Soy un romántico fogoso, un orgulloso cachero universal. Cuéntame tu experiencia, aventura, historia, opinión. Atentamente, Doctor Pepe Jot.
sábado, 3 de octubre de 2009
Adicciones múltiples (el reality show)
En pleno año 2100, el egocentrismo se ha vuelto el ácido sulfúrico de las adicciones modernas: un hit del pánico con su veneno mental. En H20, el Imperio de los Yacimientos de Hielos Antárticos, sobrevive una generación de jóvenes iconoclastas de elite, atrapados en las garras de una enfermedad abominable, impulsiva y compulsiva. Y ese tóxico caldo de cultivo en el cerebelo, muta en diferentes obsesiones, alimentándose como un demonio negro con su atractivo cruel e irreprimible.En la errada búsqueda de la libertad, los adolescentes nos hemos transformado en adictos a algo. Para nosotros es un dulce y sagrado veneno, que en su fase terminal carcome cuerpo, mente y alma. Levantas un ladrillo y encuentras enjambres, manojos de sufrientes adictos y adictas. Los hay a las sustancias, a las personas y las relaciones patológicas, al sexo compulsivo y la pornografía, a la comida, al juego, al dinero, a las cirugías estéticas, a Internet, al deporte, al poder, a la literatura, en fin, la lista es dolorosamente larga, cruel y, lo que es peor, aumenta en el crepúsculo triste de nuestros miedos y ansiedades.
Los jóvenes del jet set de H2O no deseamos enfrentar las peripecias de la cotidianeidad. Las almas con código de barras, languidecemos, nos derretimos en una maraña de incomprensiones por culpa de la baja autoestima. Le tememos a los ritmos, pulsaciones y latidos de nuestros corazones enquistados con pus y costras secas. La felicidad artificial crea un fugaz placer que no logra llenar el vacío interior. Nada que hacerle: vivimos en un circulo vicioso, en un callejón sin salida de auto lamentación.
La degeneración de las castas y gethos sobrevivientes de la Guerra Bacteriológica entre oriente y occidente, exhala el vapor corrosivo capaz de amputar los sentimientos. Los Nerviosos Individualistas necesitamos, de forma imperiosa, que la pandemia adormezca el temor a los fuegos espirituales de la libertad. Nos atemoriza la democracia del amor liberal. Por miedo a cambiar el switch, optamos por la esclavitud, por la dictadura de las ideas conservadoras.
Cuando fallezca el Emperador de H20, Su Excelencia, Nuestro Guardián Terrenal, no podrá llevarse nada de este mundo: ni el nombre, ni el prestigio, ni el dinero, menos el poder. Tendrá que dejarle todo a los gusanos. El Rey del Agua se irá desnudo a vagar por el universo, dando botes de una dimensión a otra. Sin posesiones, sin éxito, sin fama, su ego arderá a lo bonzo en el Purgatorio de su crueldad histórica. Y quizás en ese preciso momento, los Sobrevivientes del Holocausto Radioactivo, convertiremos su espíritu en una flor de pétalos multicolores.
En H20, abundan los caníbales con olor a fritanga, a naftalina. Insectos indefensos arrastrando pesadas mochilas cargadas con el plomo invisible de las debilidades y defect
os de carácter. Nadie quiere perder para ganar. Todos quieren ganar a cualquier costo, no aceptan perder ni medio centímetro de egoísmo. Hordas de trastos apolillados pululan por las calles. Tribus urbanas con los sueños rotos.Vuelvo rescatado de la chicharra de mis pensamientos crípticos. El repugnante letargo químico aun circula en mis venas. Me siento mareado, podrido interiormente. Me duele la cabeza, desde la médula hasta la cuenca de los ojos. La realidad se torna confusa: sufro un severo shock al ser rescatado desde un apacible e imaginario paraíso playero hacia la cruda realidad de este imperio post-moderno sin alma.
Por unos instantes, creo estar girando al interior de una batidora: un milk shake de tripas con crema chantilly y un marrasquino en la sien, de adorno.
-¡Vivir el presente duele, el dolor pudre la mente y se vuelve insoportable!
La frase emana de una voz con tono de lija. La frase zumba sobre los rieles de una montaña rusa abriéndose paso en espiral hasta mis frágiles tímpanos. La luz externa incomoda los ojos. Refriego los párpados, enfoco la visión, con dificultad. Me encuentro en el interior de un imponente armatoste metálico: Un Bunker.
Soy un muñeco de trapo, sentado junto a un grueso cristal blindado de la ventana de un campo de concentración. Sentada en un sillón frente a mí, hay una hermosa y sexy treintañera, dueña de una mirada inhóspita. La mujer modela una ajustada blusa y una boina roja sobre la cabeza con el slogan “adicta al sexo ”, inscrito en letras doradas. Lleva el pelo corto azabache y los labios fuertemente pintados con rouge rojo sangre. Sus manos son ampulosas y sus pies están enfundados en unas largas botas verde limón de látex que trepan como hiedra venenosa hasta sus muslos. Usa una minifalda majaderamente corta.
Somos vigilados por cámaras de televisión en cada momento.
- Soy el General Carroña, Comandante en Jefe del Bunker, el Corvo Andino, recinto militar cordillerano que ha sido re-acondicionado como Clínica de Adicciones Múltiples como soporte para este reality show. Le informo jovencito, que ha sido seleccionado como participante para ser tratado de su adicción enfermiza a la Literatura frente a los ojos de millones de espectadores. No está demás recordarle que está bajo mi custodia personal y que desde este preciso momento, tiene prohibido leer y escribir.
Carroña les acaba de anunciar el Toque de Queda a mis neuronas. Nos quedamos un rato en silencio.
-Señorito, Dante Alegría, a continuación procedo a presentarle a la primera compañera del reality. Ella es Carnívora, adicta a los hombres y las relaciones enfermizas con magíster en autodestrucción - agrega, con la soberbia heredada por la rígida formación del inescrupuloso mundo del paper miter.
Carnívora esgrime una sonrisa de hielo seco extraída con tirabuzón. Huele a desinfectante, posee una mirada rígida, de yunque oxidado. Es dueña de un candor extraño: una mezcla entre femme fatal de night club de puerto de mala muerte, mezclado con la solemnidad de una mosquita muerta capaz de extraerte el cerebro con sus largas y afiladas uñas, en un chistar de dedos.Inspecciono de reojo a Carnívora, tazándole la anatomía. La muñeca sexy usa la camisa con tres botones desabrochados. Exhibe un generoso escote, reluciendo sus grandes pechos rellenos de silicona. Ella me observa detenidamente y luego, se lame los labios como en una abierta burla hacia un ser de alma indefensa. Abre las piernas y me enseña los calzones con dibujitos de calaveras que lleva puestos debajo de su minifalda, anoréxica. Sus hormonas sacan chispas del enchufe de su entrepierna. Es una salamandra desquiciada.
Apostado contra el vidrio, hago un ademán de asco. Carnívora se mofa en mi cara de mi timidez, brindándome una risita perversa, sádica, lujuriosa, de mercenaria criolla. Està dispuesta a ganar esta competencia televisiva.
Miro de reojo al tosco General. El tipejo es un cincuentón fornido, varonil. Usa un fino bigote. Tiene las patillas canosas, las cejas copiosas y la cara marcada de arrugas. El pigmento de sus ojos negros de vampiro chupa sangre tiene la cara de la muerte impregnada en los iris. Su pelo marcadamente corto asemeja las púas de un erizo. Calza unos elegantes mocasines de piel de guanaco .
-¡Que tierno, un Centro de Concentración transformado en hospital psiquiátrico gracias al fundamentalismo de la TV- respondo, a regañadientes, sin levantar la vista.
Al parecer no soy el único iconoclasta con la sangre podrida.
Las horas transcurren con lentitud. No dejan de grabarnos en todo momento y todo lugar.
-Me duele la cabeza...por favor, no deseo que me observan más - le respondo, molesto por su insistencia de mantener un inútil diálogo con mi adolorido hipotálamo con tal de mantener la sintonía televisiva.
-Ah, le salió el habla al Señorito, se le despertó la lengua a la Bella Durmiente - responde el General Carroña, con su mente disfuncional.
Miro el exterior por la ventanilla del bunker. El cielo estalla en bocanadas naranjas y rojas. Comienza a lloviznar. Un gran pájaro plateado sobrevuela la necrópolis, mientras una bandada de cóndores autóctonos, se disputan la carne agusanada de una cría de dromedario Andino.
-Señorito Dante, ¿porqué insiste en ser escritor clandestino... Usted sabe que ese oficio rebelde es considerado un acto subversivo en H2O.. y que los libros impresos están prohibidos constitucionalmente- volvió al ataque el General Carroña con su afilada lengua de navaja.
-Quiero escribir para transformar mi alma triste en un viajero de luz inmortal- respondo, tiernamente.
-Señorito Dante. Déjeme decirle que está más loco que una cabra... al parecer se le corrió una teja. Creo que le hará muy bien la estadía en el Corvo Andino. La dura exigencia militar hará que recobre el sano juicio. A los niñitos mimados como ustedes, tan frágiles, los uniformados debemos enseñarles a transformarse en hombres con temple de hierro- escupió su discurso emancipador, el General Carroña.-¿Sano juicio? El que tenga sano juicio en este año 2100 que arroje el primer libro salvado de la hoguera. Este Imperio Sureño llamado H20 carece de juicio y sobre todo, de sanidad. Es un imperio cruel, egoísta, miserable, sin futuro- respondo, apasionadamente.
-Señorito Dante, debería agradecer pertenecer a la elite de familias pudientes pro-gobierno. El deber de nosotros los uniformados es mantener el orden y proteger a la nación de las hordas de harapientos incultos que pululan por las extensas tierras de la próspera nación tratando de usufructuar nuestro preciado oro blanco, los recursos hídricos de H20.
-Ustedes son los ideólogos de la injusticia social. Los inventores de la Revolución de la UF, los chef de la mal administrada torta del dinero y el dominio de los medios de comunicación. Con la TV, la Caja Idiota, han destruido la felicidad en este país.
-Señorito, Dante Alegría, no sea ingenuo: H20 es la Primera Potencia Mundial de la actualidad y eso...gracias al coraje de nuestro ejército sanguinario. Nos regimos por un sabio modelo neo-fascista, anti-ecológico, anti-cultural. Somos los elegidos del universo para gobernar a las mayorías inferiores.
Pertenezco a la generación del Coño Sur marcada por el acelerador de partículas, la clonación humana y el tráfico mundial de agua: la fuente liquida de la vida, el preciado oro blanco del 2100. Nunca lograr silenciar mi escritura: se avecina una gran revolución.
CONTINUARÁ...
Una perversa pasión hecha de ombligos
Para subyugar eróticamente a Celia Cienfuegos acaricio con lentitud los contornos aterciopelados de su ombligo, provocándole un goce profundo, recalcitrante. Celia expele aromas de fruta fresca tropical: mamey, guayaba, tamarindo. Pellizco la carne suturada y su cuerpo se estremece: el orificio de pliegues invertidos adquiere la apasionante estética rojiza de un carbón en llamas en manos de un fogonero. El tórrido desamor estimula al demonio depravado que cohabita en ella.Celia desata los cordones de sus zapatillas y desenfunda los pies color petróleo. Desabrocha con ansiedad el botón del bluyín gastado. Frágil, se deprime, deseosa de materializar el amor vertical.
Le sugiero al oído que baje las revoluciones de la ansiedad y, lentamente, la ayudo a desnudarse sin complejos absurdos. Intransigente, abro la hebilla oxidada del grueso sostén checoslovaco heredado de su madre, vanguardia de la zafra de azúcar 2004 en los trabajos “voluntarios” del campo. Al desprender el pitusa adherido por el sudor a la piel caoba, me estremezco y caigo en aparente estado de shock con aquel baluarte digno de ser inmortalizado en un museo de cera: un diminuto calzón color huevo duro tejido a croché con fino hilo de mosquitero.
Cuarenta grados en La Habana. Pegajoso clima tropical-húmedo; los pájaros caen rostizados en los parques y nosotros sin ventilador: maldito período especial con su arbitraria política de racionamiento energético. El amor y la amistad en el infierno cubano sin luz: “¡La culpa de todo la tiene Fidel!”.
Observo con ojos de lupa a Celia: posee una bemba conformada por labios carnudos, iris café con leche, nariz grande y pelo malo, rizado. Sus pechos son pequeños y puntiagudos, rebosantes de promesas de amor que no se cumplen. Acerco mi nariz: la piel huele a jabón de lavanda y aquella agradable fragancia erotiza el ambiente con una melcocha fresca de mezquino interés. Le acicalo con ternura el ombligo y, como efecto dominó, Celia esgrime sonrisa de melón de agua con una hilera de dientes color marfil.
Soy un anatomista en éxtasis, un disidente latin lover que aborrece su patria y ama sus mujeres interpretando la sinfonía gusana en do bemol: la venganza seudoanarquista de los ombligos.Como efecto de mis caricias focalizadas, Celia contrae con fuerza los músculos del estómago. La pionerita del placer aprisiona la yema de mi dedo índice, el anfitrión cálido de su morocha y anoréxica ratonera umbilical. El calor es agobiante, peor que el socialismo.
Debatimos temas lights: la lucha contra la pobreza, el combate al narcotráfico y la amenaza de los cambios climáticos globales en América Latina. Mientras Celia discursea, me pongo de pie, me asomo por la ventana y le ruego a la cubana y morena Virgen del Cobre que invoque a los vientos alisios. Observo un fenómeno natural maravilloso: el viaje en masa de las mariposas monarcas que han arribado a La Habana. Año a año, las mariposas monarcas migran de forma masiva desde el sudeste de Canadá hasta México, pero en este equinoccio una masa de aire caliente las obligó a atravesar el trópico de cáncer, la mitad del continente americano, hasta nuestra isla caribeña. Están aturdidas, con la brújula rota. El paisaje es dantesco: millones de mariposas deleitándonos con sus bellos colores apostadas en los bancos de las plazas, las copas de los árboles, los marcos de las ventanas: la pandemia naranja cubriéndolo todo a su paso. Las mariposas copulan con una necesidad imperiosa de reproducirse, esperando salir del capullo para emprender el regreso a casa.
Milagro: llega la luz eléctrica, va a hablar el Rey de la Isla en cadena nacional. Mi anfitriona prende la antigua tele en blanco y negro, donada por la generosidad de la ex Unión Soviética, que en paz descanse. Aparece el Patriarca y va directo al pódium, cojeando con su pie enyesado, apoyándose en los hombros de dos escoltas. El Potro traga saliva para ejecutar el discurso habitual de tres horas de duración. Tema de hoy: El balance de los logros anuales de la Revolución.
Intolerante, pongo cara de chicle derretido, le ordeno a Celia que le baje el sonido a la caja idiota y que de pasadita encienda, porfa, con urgencia el ventilador: no quiero morir deshidratado.
Desde el interior del cómodo departamento de Celia surge la refrescante brisa. Mis cabellos bailotean al son del aire condisoplado. Aprovecho a tazarle el culito africano a mi hembrita caribeña de clase acomodada: un culo burgués anatómicamente perfecto.
Celebro que el Fifo, mudo, nos mire desde dentro de la pantalla cómo hacemos el amor. Sublime: pertenecemos a las generaciones de recambio del régimen, somos parte de las cosquillas del futuro, orugas sin alas. Que el Gerente General mire todo lo que quiera con tal que no me hable nunca más: llevo casi medio siglo escuchando su demagogia inspirada en el cuento de Pedrito y el lobo: viene el imperialismo, viene el imperialismo, y nunca llega el mentado cuco. Y ahora que murió Superman, menos...
Celia vuelve a mi lado y se arroja desnuda sobre la cama dispuesta a concretizar el encuentro. Tiene veintiún años, es hija de un pincho, un alto jerarca del Comité Central, y su hobby es tirar. Toda familia progresista en Cuba cuenta con una ilustre hija ninfomaníaca.
Contemplo la escultural anatomía de la hijita de papá: irradia la bondad de una nena fogosa criada con la bendición del pan con jamón, manjar de unos pocos cubanos. ¡Vivan los orgasmos y la inconsciencia del proletariado! Tiernamente, presiono el núcleo madre enroscado en el laberinto de curvas naturales del ombligo de Celia. Por fin logro desdoblar el pliegue emisor y receptor de los orgasmos libertarios. Presiono el punto G y, mágicamente, fluye el devastador efecto sexual en ella. La dicotomía de su cuerpo cae en el precipicio de la libido de las tres S.A: sabor abajo, sabor arriba y sabroso al medio.
Poseído por mi papel de profanador de ombligos run service, ausculto el cordón umbilical hasta dar con el capullo de piedras preciosas. Desenrollo la espiral de la cosa esa llamada placer. ¡Coño, estoy sudando como puerco!; la humedad es inaguantable, a pesar de que por la ventana del departamento de Celia se cuela una leve brisa con olor a salmuera, aun las aspas giratorias del ruidoso ventilador luchan para entibiar la atmósfera. Escuchamos las olas reventar: el oleaje del Malecón está embravecido y quizá, por fin, se avecina un tsunami que destruirá de una vez por todas este país ya devastado por el bloqueo internacional.
Mirándonos a los ojos, nos sobresalta la sorpresiva detonación gástrica de un destartalado y prehistórico Chevrolet Coupé de los cincuenta: es la combustión de los gases que provoca la melaza de caña de azúcar que le ponen a los motores como aditivo mecánico para paliar la falta de aceite en el prehistórico mercado automotriz. ¡Viva la economía cerrada: nada que vender, nada que comprar! Pero millonarios en mariposas y monarcas.
Prosigo con la Rebelión de los ombligos a base de caricias, besos y masajes placenteros sin coito
. Descorcho el tapón de las cosquillas uterinas y la Cienfuegos gime, descontroladamente, plena de descubrirse dueña de un juguete sexual capitalista con tan innumerables propiedades eróticas. Estoy paranoico, me siento espiado por los afiches rusos, amarillentos: los próceres Marx y Lenin colgados en la pared color rosa mexicano me miran, rancios. Los escucho gritar al unísono “gusano al paredón”, y me quedo absorto observando los labios resecos de ambos, radiantes de sectarismo popular.El cuarto de Celia está plagado de productos de consumo dispuestos como adornos: envases de desodorantes Rexona y Adidas, pasta dentífrica Colgate, cajetillas de Marlboro y Viceroy rojos, todos vacíos. El pueblo cubano idolatra los productos prohibidos del enemigo, y exhibirlos en vitrina en el living es una forma de rendirles culto, presumiendo haberlos utilizado por lo menos una vez en la vida.
La mulatica me pide un Popular sin filtro para hacer un break echando humo; le digo que no tengo tabaco, ni rubio ni negro. Me dice que sin humo no puede ponerse a tono. Le digo que eso está por verse, que de la carencia surge el amor. Le prometo llevarla a un restaurant a comer ancas de ranas empanizadas si cumple con mis peticiones. El rostro de Celia se ilumina lengüeteándose los labios, le suenan las tripas: es la expresión proteica de sus jugos gástricos agradeciendo el interesante regalo culi-nario.
Celia calienta un conchito de café y en respetuoso silencio bebemos aquel brebaje de los dioses depositado en las diminutas tazas de porcelana marca Mao Tse-tung, donadas al general Cienfuegos por la desaparecida Republica Popular China.
Revivo la calentura gracias a la sobredosis de cafeína y continúo con el placentero arte de masajearle la aureola del ombligo. Celia, envuelta en endorfinas, clama que, a pesar de los problemas cotidianos de la vida que a veces la desorientan y la desesperan, está a punto. Suplica que la haga llegar a puerto, que tiene que partir a hacer la cola de la libreta , que hoy en el almacén reparten el pollo semestral y la caja de tropicolas, nuestra Coca-Cola made in Cuba. Le comunico que me importa un rábano y prosigo con mi plan perverso: unificar el fuego contra fuego del oscuro cordón umbilical de la chiquitica Cienfuegos.
Como preámbulo al epitafio erótico, inclino la cabeza depositando un húmedo beso en el orificio que delimita la mitad corpórea de esta ardiente gebita de papá mono militar. Celia gime, desgarrada, coge mi cabeza con fuerza, tratando de guiar mi boca hacia su sexo palpitante. Me niego y me concentro con las tocaciones eróticas del hueco exterior.
Con las contracciones orgásmicas en el año del gallo del horóscopo chino, aumentan los suspiros de Celia, los gemidos asmáticos, las palabras dulces y fogosas, rogando por enésima vez que la haga mía, de una vez por todas, de forma más tradicional. Celia sigue preocupada: la cola del pollo debe ser de dos cuadras, si es que ya no se esfumaron los soñados plumíferos. Amparado en la terquedad sicopática antisistémica, motivado por la fijación por los orificios externos, continúo con la sesión de digitopuntura haciendo vista gorda al fokin racionamiento estatal.
Cojo una mariposa monarca que revolotea en mi cabeza y se la pongo en el estómago a Celia. Las patas y alas membranosas del insecto le originan mágicas microcosquillas en el vientre. Exhausta por la irrigación sanguínea, sucumbe en caída libre al precipicio multiorgásmico de las caricias escudriñadoras del insecto alado canadiense. El sexo tembloroso se abre cual fruta jugosa, humedecida por la miel de la creación celestial. Celia cae en trance, en éxtasis, poseída por las garras malditas de la seducción larvaria.
En momentáneo reposo, la abnegada Celia me susurra al oído: “Papito, eres más grande que Fidel”. Miro, de reojo la pantalla de TV: el dios inmortal, eufórico, no cesa de salivar las palabras monolíticas de su discurso de cien hojas.
Celia agradece en voz alta la iniciativa de haberme invitado unos mojitos en la barra del Floridita.
Ella trabaja como bailarina en el Tropicana y acostumbra a ligar hombres los días jueves para obtener sexo express. Odia las relaciones estables de pareja, no cree en el sexo; es más, lo rotula como la pandemia de los eyaculadores precoces de La Habana. Clama sentirse hasta la tusa de los latinos que en pleno siglo XXI aún consideran a las mujeres ‘cartucheras desechables' para guardar sus pistolones... a fulminantes.Celia considera sublime el orgasmo recién experimentado. No logra entender cómo un desconocido y solitario bebedor de barra puede resucitarle el vientre con un simple juego lúdico sin realizar el coito. Jura incorporar su orificio nudoso como número uno en la lista del placer físico de su libertino cuerpo. La mariposa monarca vuela posándose sobre el ventilador: la muy arpía sufre de calor uterino.
Aburrido de la filosofía barata de Celia, determino hacerla explotar con una sobredosis autodestructiva de orgasmos. Manipulo con sádica maestría el núcleo del oasis y, automáticamente, los suspiros de Celia se transforman en un inmensurable suspiro a control remoto de niveles cuánticos inhumanos. Comienza a asfixiarse y su rostro palidece.
Celia ruega que me detenga, está extasiada hasta el tuétano, dueña de un delicioso volcán de lava adherido a sus ovarios; en su fuero interno, aunque se siente vulnerable, desea más intensidad. Asustada, intenta retirar mi dedo de su nudoso orificio. Vuelvo al ataque: con la maestría de un cruel relojero de ombligos, insistente, manipulo los pliegues activando la capacidad estetoscópica de aquel oscuro punto exterior de carne retorcida. Fluye el néctar genético de Adán y Eva desde las catacumbas tropicales de Celia. En segundos, revienta con la intensidad de la pirotecnia de los fuegos artificiales de Año Nuevo... en Miami.
Celia, envuelta en taquicardias orgásmicas, clama que a pesar de yo ser un contrarrevolucionario, igual me ama locamente, que soy el príncipe azul con el que ha soñado toda su vida: el macho que necesita para vivir sexualmente a gusto. Considero un cursi cliché sus palabras relamidas de autocomplacencia. La mariposa monarca es pulverizada por el ventilador eléctrico: la muerte con su inevitable destino.
Más de cuarenta grados a la sombra. Le anuncio que me voy. Celia esgrime una acartonada sonrisa angelical y, al instante, se pone a llorar frente al ruidoso ventilador que comienza súbitamente a detener el giro de sus aspas. Apagón de luz: el Partido Comunista bajó el switch ; ¿la razón?: han transcurrido las horas, el Número Uno finalizó el discurso y la masa anónima de trabajadores se retira desde la Plaza de la Revolución hacia las fábricas.
Celia me cuenta cosas de su familia alargando el elástico de la desinflada convivencia: su padre es un mujeriego que se la pasa en viajes internacionales representando al gobierno; su madre se suicidó despechada por los engaños de su esposo; el hermano mayor es médico cirujano y vive en el extranjero, está casado con una española.
-Mmmm -le respondo sin ganas de entrar en terapias domésticas; Fromm, Pavlov y Sigmund Freud pueden molestarse si respondo.
Celia me cuenta cosas de su vida: estudió en el exclusivo colegio Che Guevara; fue pionerita destacada de la Escuela Lenin; luego estuvo en Los Camilitos , pero no logró titularse. Con posterioridad, estudió actuación y modelaje en un exclusivo instituto para hijos del Comité Central. Ama las plumas, las luces y la noche. Se considera una joven bohemia y asegura que si no se ha ido de la isla es porque su familia tiene conciencia revolucionaria. Mientras habla observo con odio la fotografía apoyada en el velador. Aparece su padre, sonriente, vestido de militar con charreteras de general en misión especial en Angola.La mierda mental comienza a arder desde las profundidades del alma. Le contesto que así es
refácil amar la patria teniendo todos los privilegios a los pies, mientras la gente común y corriente pasa hambre por el eterno período especial. Ella mira el techo haciendo como que no escucha mis críticas. Le cuento que antes de conocerla pasé una infinidad de noches en vela, bebiendo ron, caminando por las calles de La Habana entre jineteras y travestis, sufriendo por el destino cruel de mi pueblo. “En esta isla todo el mundo pasa por delante de las injusticias sociales sin decir nada”, le grito, enrabiado a tope.
Celia me responde que en los corruptos países capitalistas hay el triple de prostitutas y maricones que en la sagrada Revolución cubana. “Allá ellas si quieren comercializar sus cuerpos por los Yuma-dólares”, exclama, posesionada por la defensa irrestricta de la Madre Patria Socialista de los Barbones. Según Celia, toda cubana bien nacida tiene acceso gratuito a la educación, la medicina y la vivienda, y si se prostituyen es sólo por gimnasia sexual.
La miro con asco. Procedo a ensamblarme las piernas ortopédicas y me pongo de pie, apoyado en mis muletas.
-¡Coño, acere, monina, consorte, dime por lo menos tu nombre y a qué carajo te dedicas en la vida! -clama Celia, con voz de mujer sufriente.
Doy unas cortas zancadas, sin contestar.
-¡No seas cruel, chiquitico, no me botes, te amo! -me grita Celia, histérica, intentando manipularme emocionalmente.
Le digo que se calme, que no sea escandalosa. Doy unos pasos hacia la puerta. Se arroja sobre mí clavándome las uñas en el rostro. La empujo contra la pared, se golpea la nuca. Semiaturdida, Celia maúlla cual gata rabiosa: asemeja un animalito herido dispuesto a matar por amor.
-¡Tú y tus malditas recetas para culear por el ombligo con las mariposas monarcas incluidas. Se pueden ir al carajo: comemierda, paralítico malnacido, gusano, contrarrevolucionario; te voy a denunciar a los de Investigaciones para que te fusilen!- me grita
con ojos ensangrentados.Celia, descontrolada, comienza a golpearme con manos y pies. Me defiendo, forcejeamos y, finalmente, logro zafarme de los tentáculos de su pasión pulposa.
La Cienfuegos, desnuda, acaricia su idílico ombligo gritándome un sinnúmero de improperios motivada por el despecho de alcoba. Huyo raudo de la habitación. M e desplazo a zancadas por el pasillo del edificio. Bajo las escaleras. Los desgarradores gritos de Celia se diluyen, poco a poco, impregnando las paredes del cité con el recuerdo dulce de una perversa pasión hecha de ombligos.
Salgo a la calle y miro la plaza: un grupo de niños está aniquilando a tablazos a las indefensas mariposas, interrumpiéndoles su pacífico coito. Les grito que las dejen copular tranquilas y las crueles bestias liliputienses huyen despavoridas. Camino y llego a la conclusión del día: las mariposas son libres porque carecen de ombligos.
Segundo Lugar Mención Honrosa Concurso de Cuentos Eróticos Revista Caras 2005
© León Pascal
© León Pascal
Rodillas peladas (cenizas de amor)
Me junté con Paolo Rodríguez en un Starbucks de Alonso de Córdoba. Pedimos unos cafés con amareto y ambos, nos instalamos en una agradable y solitaria mesa en la terraza. Paolo se veía angustiado, desesperado, deseaba pegarse un tiro. Le dije que se calmara, que contara hasta diez antes de vomitar su tragedia humana: la crónica del despecho.Prendió un cigarrillo. Fumaba como un condenado a muerte. Se puso a llorar. Lo invité a desahogarse, a hacer catarsis, a fierro pelao. De su corazón salió una pus verde mal oliente. Se estaba volviendo loco: el amor de su vida, su esposa Dominique González, la madre inmaculada de sus tres hijos, la que amó y cuidó durante quince años, le rompió el corazón en mil pedazos. La González comenzó a salir sagradamente los miércoles a happy hours, supuestamente con su grupito de amigas inseparables. Paolo se quedaba con los niños, los acostaba y luego, se quedaba en vela esperando a su amada Dominique pasándose el rollo que podía sucederle algo a esas altas horas de la noche. Pensaba que podía chocar curada, ser a arrestada por la policía, ser violada: un insoportable caldo de cabeza mezclado con celos y dudas.
Dominique comenzó a apagar el celular y a llegar cada vez más de amanecida, completamente ebria. Se acostaba en la habitación de los niños para no enfrentar la cara de su esposo. Se volvió, fría, distante. Dejó de hacer el amor con Paolo, usaba a los niños chicos, metiéndolos en la cama como una pared china infranqueable contra su pobre y destruido marido: Paolo Rodríguez, mi ex compañero de universidad, el gran mujeriego, domesticado por una mujer doce años menor, el que se volvió fiel como nunca, ahora hecho pebre.
Vamos al meollo del asunto: un miércoles, a las ocho de la mañana, Paolo pilló a Dominique con las rodillas peladas, ensangrentadas. Ella llegó borracha, se puso el pijama y ahí la descubrió infraganti: con las pruebas del delito a la vista. Paolo la confrontó, pero ella, sin arrugarse, le dijo burdamente que se había caído en el suelo de su oficina días atrás. Rodríguez le encaró que esos eran pelones por ponerse a follar en cuatro patas a poto pelao sobre una alfombra, que era pleno invierno, que ella usaba pantalones, que en su oficina los suelos eran de mármol y que uno al caerse en el mármol se hace moretones morados y no pelones en las rodillas. Dominique, muda, desenmascarada, se durmió carente de argumentos.Paolo decidió vengarse. Le anunció a su amada esposa Dominique que el próximo week-end, él se marchaba a tirar como un toro semental, que después de eso: “borrón y cuenta nueva”: que así quedarían “cero a cero”. Como venganza Paolo regresó también con las rodillas peladas. Fue imposible conciliar el caos: Dominique continuó emborrachándose, drogándose, acostándose con otros hombres de forma promiscua y descarada. Se endeudó con dos bancos reventando las tarjetas y un sin número de multitiendas por una suma millonaria. A parte de promiscua y mentirosa, era gastadora compulsiva. La vinieron a buscar los ratis para meterla presa. Paolo vendió su auto, la casa y el matrimonio se fue al carajo, quemándose a lo bonzo el proyecto de ser felices juntos. Algo se quebró irreparablemente: la perdida de la confianza, del respeto. Resumen: The End, la traición de Dominique pudrió el nidito de amor construido con compromiso, sudor y perseverancia.
Paolo Rodríguez terminó en la UTI de una clínica producto de un paro cardiaco: estuvo a punto de irse cortado. Dominique, “la mujer de su vida”, “la madre de sus hijos”, nunca se preocupó de él en lo más mínimo: no lo fue a socorrer y lo que es peor, no hizo el menor esfuerzo para intentar salvar el matrimonio. En un abrir y cerrar de ojos se llevó a vivir a uno de sus patas negras
armando una vida nueva de pareja como si nada. Paolo clama con odio que nunca la va a perdonar, que lo dejó en la calle, solo, triste y derrotado, con lo puesto, repleto de deudas, hecho mierda. Yo le digo que no sea “imbécil”, que se grave con fuego en las neuronas que el amor es una “enfermedad terminal”, una fantasía desechable. Que hay que aprender a soltar las riendas. Que si la mujer amada vuelve a ti era tuya. Que siempre deben primar los recuerdos positivos. Que la vida tiene muchas vueltas. Que lo que importa no son las heridas de las rodillas de su ex esposa, son las cicatrices que le quedaran a ella eternamente impresas en el alma, como un recuerdo imborrable por romper la familia y el pacto de amor.Le digo que haga el duelo de una vez por todas, que lama sus heridas, que el tiempo cicatriza el alma, lo regenera, que al caerse la costra del ego herido, uno vuelve a pararse y a ser un picaflor, Fornikeitor: el cazador de úteros. Le digo que nadie es de nadie, que uno nace solo y muere solo, que hay que ser egoísta y focalizarse en uno, que por donde pecas pagas, que uno conoce mucha gente, que uno abandona y es abandonado, que uno es de donde te lleven tus zapatos, que la traición y el odio son la gran característica de la naturaleza humana, que es penca reconocer que ya no te aman, que hay que volver a nacer de las cenizas como el Ave Fénix y reinventarse como Jesucristo, que dijo “voy y vuelvo” y resucitó. Blablablá: verborrea pura de cuarto enjuague. Lo último que faltaba: Kalamaky, el terapeuta del Zanjón de la Aguada, el iconoclasta inmortal predicando sobre las heridas y cicatrices del corazón.
No hubo caso con mi discurso adquirido con el kilometraje de un “sobreviviente” que viene de vuelta, en estas y otras materias. Paolo aun habla por la herida. La toxina del despecho lo domina. Dice que siente pena, dolor, rabia, odio, frustración, decepción. Que los recuerdos compartidos con Dominique, le queman los sentimientos. Pero lo que es peor: siente miedo, pavor. Cree que nunca más podrá enamorase y menos, confiar, nuevamente, en una mujer. Le digo que el olvido y el Alzaimer son la medicina para no quedarse pegado percé. Trato de conscientizarlo para que abandone de una vez por todas su obsesión y compulsión por alguien que ya no lo ama, si es que lo amó alguna vez. Su autolamentación lo domina, lo esclaviza, lo tienen hecho un mono con gillette.Con más que traté de predicar el discurso evangelizador del perdón, la aceptación, la humildad, la bondad, no hubo caso. Paolo estaba demasiado envenenado por culpa del despecho. Dijo querer asesinar a Dominique. Se paró y se despidió. No lo vi nunca más. Dicen que se fue de Chile, que lo abandonó todo. ¡Que loco, Paolo perdió el sano juicio!. Bueno: “Donde fuego hubo, cenizas quedan”: cenizas de amor que queman la piel del ego, cuando la lealtad ha muerto para siempre.
Que no se te olvide

Cuando veas a una mujer llorar desgarradamente porque la relación llegó a su fin, prepárate a morir. Ellas sufren máximo un mes. Luego, ríen a pata suelta. Se compran ropa, van a la peluquería y se ponen a dieta. Para sanearse, en cada happy hour, bar, asado o fiesta, se comen al hombre que se les cruce por enfrente: si es que no lo hacían ya antes cuando estaban contigo. Que no se te olvide nunca: las mujeres nacieron con Licencia Vitalicia para Follar. Tienen la virtud cruel de transformar el dolor en orgasmos y nosotros en un cáncer terminal. Suicida: Antes de volarte los sesos por despecho, piensa en tu amada abriéndole las piernas al universo. Ten valor, cierra los ojos y jala del gatillo. Pobrecito Tu: si decides seguir adelante, deja de lamentarte como un perro, no pierdas el tiempo, obsesiónate de otra concha marina. Masoquista: Volverás al principio de un futuro y destructivo sufrimiento. Que no se te olvide: El dolor es circular y el amor nacalapiriznaca. No existe una medicina para calmar el monstruo que roe las entrañas llamado despecho. No sufras, solo recuerda con nostalgia los efluvios eléctricos de su vulva incandescente que algún día fue tuya. Y si no me crees, saca tus propias conclusiones, desgraciado hombre en pena...de amor.
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