miércoles, 25 de noviembre de 2009

Sexo con Lenin: amor por el voto duro

(por Pepe Jot)

Mariana ingresó a mi despacho zigzagueando las caderas en una perfomance coquetoide sacada de las profundidades de su carne lujuriosa y narcisista. La hermosa veinteañera de ojos verdes y labios gruesos, a lo Angelina Jolie versión latinoamericana, ya no trae el pelo azul como en la sesión anterior: ahora, se tiñó los cabellos negro azabache. Este nuevo color le asignaba a su rostro el frescor del crepúsculo en los ojos y una tempestad ensordecedora en su boca. Sus rasgos camaleónicos posee el talento natural para seducir hombres. El desplante egocéntrico impregna la atmósfera de salvaje erotismo. Con sus arrumacos corpóreos es capaz de seducir y envenenar de pasión a un hombre, fragmentándolo perversamente hasta desangrarlo de amor. Las curvas benditas de su humanidad son como esquirlas: duelen al mirarla, alambres púas que se enredan en los párpados.

Dedicamos la terapia a su obsesión sexual: acostarse con un representante masculino de cada uno de los cuatro comandos presidenciales en disputa y al final decidir por cual votar. La semana pasada, se involucró con chico del Comando de MEO. Ahora, me narra con detalles su nueva aventura sexual.

“El weekend fui a una flor de peña zurda organizada por el Comando de Jorge Arrate destinada a reunir fondos para la campaña de su líder socialista. El evento se realizó en una casona vieja en las cercanías de la calle Cueto. Mientras tocaba sobre una modesta tarima “Schewenke y Nilo”, los contertulios bebían animosamente vino navegado en tazones de greda, riendo a pata suelta, tirándose tallas unos a otros. De vez en cuando, realizaban improvisados discursos mezclados con encendidos análisis políticos a micrófono abierto. Había una mezcla entre izquierda dura y whisky izquierda blanda con una efervescencia histórica con olor a UP, a GAP, a JAP, a SECH; FECH y otros términos que suenan a estornudo.

Un solitario cincuentón canoso con varios tragos encima, me invitó a sentarme en su mesa ubicada estratégicamente a un costado del escenario. Comenzó a piropearme, a insinuárseme con abiertas ganas de involucrarse conmigo. Me dijo que se llama Lenin Rojo, que era sociólogo, que estaba separado, que era padre de tres hijos, militante histórico del Partido Comunista y que, sin duda alguna, votaría por Arrate. Me invitó una botella de Casillero del Diablo acompañada de empanadas de queso y pino. Seguimos con una botella de ron y al final una menta frappe. Lenin tenía manos con surcos, el pelo cano y una belleza que comenzaba a apagarse por culpa de las arrugas germinadas por el pasar del tiempo. Ya ebrio, me manifestó sin protocolo alguno que deseaba “montarme toda la noche hasta la eternidad”. Lo encontré un roto exquisito.

Trepamos en su auto KIA y partimos rumbo a Nuñork. Durante el trayecto, Lenin se traga un par de Viagras que saca del bolsillo de su camisa. Le pregunto si es feliz. Me dice que el es un new rich pleno y plano. Me muero de la risa. Lenin soba mis muslos con su ásperas manos proletarias. Su paquete obrero despierta del letargo. Renace el moscovita con su voto duro, intolerante, termo céfalo.

Entramos al depto. La habitación de Lenin posee una cama de agua matrimonial. Sobre el techo hay pegado un amplio espejo. Arriba del ring de cuatro perillas, cuelga un viejo afiche enmarcado de Carlos Marx color sepia. En las paredes laterales hay afiches de Víctor Jara y de Violeta Parra en blanco y negro con expresiones de sufrimiento en sus rostros. Sobre la puerta del baño está clavada con chinches una banderita roja del PC con la oz y un martillo. Nos desnudamos en un dos por tres. Lenin huele con pasión mis cola-less rojo sangre. Me los arranca y se monta sobre mi como un caballo desbocado. Experimento un cuadro surrealista: Marx nos espía con una risa malvada, con una mirada inquisidora, termocéfala y calentona.

Mariana es una mujer sumamente inteligente. Tiene un excelente manejo del vocabulario, de las imágenes. Voy psicoanalizándola mientras me narra su reciente experiencia erótica. El rasgo Border Lane sumado a su bipolaridad saca a flote su obsesividad e impulsividad crónicas. La bella Mariana en ningún momento se autocastiga por su fijación demencial: acostarse de forma promiscua con diferentes hombres cada week-end, al contrario, se enorgullece de ser la gran protagonista de sus aventuras cívico-sexuales de una fantasiosa “revolución sexual chilensis postmoderna”.

“Siento su pene duro y caliente entrando en mi vagina, me mojo placenteramente. Lo que me gustó de Lenin, fue su forma bruta y tierna de tirar. Posee esa naturaleza animal, primitiva de los huasos chilenos: pasan de besarte las patitas a taladrarte de forma mecánica, entre tercianas y ataques convulsivos. Te dicen palabras cursis y románticas al oído como: perrita rica, flor hermosa, benditas las mujeres que habitan la tierra, amor de mis amores, etc, etc, etcLuego de tres satisfactorios polvos, Lenin se pone nostálgico. Me cuenta que pertenece a una humilde familia humilde, de esfuerzo, que sus papás fueron campesinos explotados por el capitalismo, que estuvo preso, que lo torturaron, que lo relegaron, que vivió en Suecia, que gracias a eso logró estudiar sociología en el extranjero, que si la derecha gana las elecciones, jura que se va auto-exiliar, que no sería capaz de aguantar “semejante maldición política”.

Clama a los cuatro vientos que el pueblo chileno no puede ser tan hueón para dejarse gobernar por los mismos momios fascistas que apoyaron al sanguinario ex dictador. Su monolítico discurso me hace olvidarme de la vigorosa noche sexual. Le aclaro que la palabra pueblo está caduca, que huele a naftalina. Lo actualizo: le informo que pasamos de la palabra “pueblo”, a la palabra “gente”, luego al vocablo “ciudadanía”, después se le bautizó como “opinión pública”. Ahora con la Internet y la web ha nacido una nueva raza de cibernautas virtuales llamada “el weblo”.

Escucho unos ronquidos: Lenin ronronea placidamente como si estuviese embalsamado bajo la Plaza Roja de Moscú. Me acuerdo que tengo los calzones rotos. . Me visto a lo gringo. Antes de marcharme, en un acto fetichista, decido apropiarme como recuerdo la bandera con la oz y el martillo, a cambio, le dejo mis colaless rojo sangre colgados en la puerta del baño”.

Interrogo a Mariana para que me diga que cosas positivas ha logrado acostándose con un hombre del Comando de MEO y ahora, con uno del comando de Arrate. Piensa unos segundos y responde: “una sobredosis de amor, de vanidad, de inmortalidad, el periodo de incubación del voto duro de la nueva generación de ciudadanas inscritas”. Mariana sufre de “divismo simbólico”. Posee una visión anarcoide, vitalista-erótica. Tiene la oxitocina, la hormona del amor a mil por hora Finaliza la terapia. Mariana se marcha sonriente jugando con el hechizo de sus caderas, ondulando su pelo negro azabache, amasando la tierra con sus fatídicas curvas rompe corazones.

La humanidad continuará fornicando, amándose y odiándose tormentosamente, buscando con desesperación en el exterior la placidez que está en nuestro interior, sin entender que la belleza es fugitiva con los años y que el verdadero amor es el silencio. Queridas lectoras (es): no se olviden de escribirme y mandarme sus opiniones, besos y abrazos, Pepe Jot.

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