miércoles, 25 de noviembre de 2009

Zonas Erogenas: los Botones del Placer Carnal

(por Pepe Jot)

El cuerpo humano es un cóctel de zonas que producen sensaciones placenteras: los botones de pánico del placer carnal, aquellos donde se concentran un gran número de terminaciones nerviosas dueñas de una especial sensibilidad si son estimuladas adecuadamente. Cada persona posee un mapa erógeno exclusivo y particular. Cabello, ojos, cuello, nuca, hombros, pechos, brazos, espalda, vientre, muslos, nalgas, próstata, pies, clítoris, vagina, testículos y pene: botones del placer carnal.

Las zonas primarias, son las partes del cuerpo erógenas más sensibles, las que mejor responden ante cualquier toque sensual y la mejor vía para llegar a la excitación sexual. Su estimulación son una invitación segura al sexo. La partes mas sensibles son: la punta de los pezones y el clítoris en la mujer; el pene o las tetillas en el hombre.

Las zonas secundarias, como el cuello, el centro de la espalda, las orejas, la garganta, los labios, la parte anterior de las piernas, el ano, son partes del cuerpo que responden con altos niveles de placer y excitación, aunque con menor grado que las primarias.

El contacto y la estimulación de la piel es uno de los mayores componentes de la actividad sexual. Es muy importante aprender a acariciarse y a dejarse acariciar. No hay que concentrarse únicamente en las zonas erógenas comunes, ya que la piel está compuesta de una infinidad de puntos sensibles que hay que descubrir día tras día.

Esta semana atendí en mi consulta a José Luis, un juppy millonario de treinta y cinco años, un macho Alfa, un gigoló empedernido, un galán narciso y dominante. Durante la terapia abordamos lo que el clasifica como “el lado oscuro de sus deseos sexuales”: hacerle a las mujeres lo inimaginable para “ablandarlas psicológica y físicamente y terminar dominándolas en la cama”. Me manifestó que se siente poseído por pensamientos extraños, que siente que Eros arroja su hálito ardiente avasallando “las buenas costumbres” y eso, según él, provoca que Afrodita se vuelva loca en la libido de las mujeres. José Luis podría ser un típico psicópata sexual o sexopata, pero el tema de fondo, de raíz es más profundo: tiene un comportamiento infantil no aceptado por pérdida emocional.

Para José Luis el sexo es como un alimento vital de su ego. Hay un disfraz, una careta bajo la fantasía inventada del “semental feliz y eterno”. Vive con desesperanza, con miedo a no ser correspondido. Predica ser un “tránsfuga del amor sin límites”. Considera los fluidos de las mujeres como un empalagoso manjar. Si no fuera por estar en terapia, terminaría, abatido, ahogándose en sus propias obsesiones.

Le realizo una sesión de hipnosis, una regresión grabando la experiencia. José Luis narra una aventura sexual: “Preparo mi habitación para el ritual del mejor polvo de mi vida: velas, inciensos, disfraces, juguetes sexuales, látigos, esposas. Entra una rusa tetona de ojos turquesa con cola-less del mismo color. Ato sus manos al respaldo de la cama. Acaricio su fría vagina con piel de oso polar. Me grita que me odia, que soy impotente, trata de humillarme. Decido realizarle el Beso Mariposa: besarla entre los párpados de los ojos. La rusa se excita como una loba en celo, me ruega que la haga mía. La penetro derrumbando el Muro de Berlín, la Pared China, derritiendo Siberia y la “Guerra Fría” de su entrepierna. Eyaculo abundantemente como un toro semental. Al mirar el capullo de sus ojos, están vacíos, grises. La mariposa de su amor se ha ido, abandonándome”.

José Luis llora desgarradamente como un niño pequeño. Decido despertarlo de la hipnosis. Hago que escuche el casette con su testimonio. José Luis me confidencia su dolor: el gran amor de su vida fue Sasha, una joven ucraniana de Kiev que compró en 20 mil dólares en un Tour Romántico a Rusia. Se la trajo a Chile. Según él, Sasha tenia unos senos descomunales, paradisíacos: lograba asfixiarlo de placer carnívoro. Al hacer el amor, ponía los ojos en blanco. Le enseñó el Beso Mariposa. Besarle los párpados durante el orgasmo. Esa era su zona erógena secreta: la llave a sus cosquillas interiores. Con ese beso, la joven y fogosa chica esquimal del este, brindaba sus orgasmos como una Matrioska: esas tradicionales muñecas rusas pintadas de madera, que se van abriendo una adentro de la otra, de la más grande a la más pequeña. Sasha lo abandonó por su mejor amigo. Dice que Sasha es una buscona, una callejera, una prostituta. José Luis por despecho, se dedica a seducir mujeres manipulándoles las zonas erógenas. Esto lo ha vuelto inmaduro, inseguro y egocéntrico.

Le explico que requerirá por lo menos varios meses de terapia cognitiva-conductual para tratar su patología. Le encomiendo que se mantenga abstemio, sexualmente hablando. Se marcha, indignado, cree que no será capaz de mantenerse en celibato. Le digo que trate, que lo intente, que se rinda, que se mejore. Que el sexo no es una puerta giratoria. Aceptación, aceptación, aceptación. Si no hace el necesario luto para cicatrizar el alma, no podrá superar esta gran herida sangrante que lo martiriza. Sino va a ”enfaloquecer”: volverse loco por su propio falo.

Mis queridas lectoras (es), los invito a que cada individuo explore su cuerpo y descubra sus partes erógenas, activándolas de forma sana y consciente. Cada uno de nosotros somos nuestra propio “paraíso sexual”, podemos generarnos y generar placer a nuestras parejas en la medida que sepamos potenciar la comunicación con el otro. El sexo es de a dos, esa es la real y autentica búsqueda humana: placer entre patners. No se olviden de escribirme y proponer sus temas de interés, abrazos, su doctor Pepe Jot.

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