miércoles, 25 de noviembre de 2009

Embarazadas: mujeres de fuego

Me fui a mi casa en Metro. Era la hora peak. ¡Hacia un calor de los mil demonios! Los vagones olían a rodilla obrera, a entrepierna jugosa de secretaria traje dos piezas, a poto juvenil, a viejos vinagres y micro-empresarios pasados a perfume barato. Esto, sumado al e’mail de María del Carmen, una de mis lectoras que opinó sobre un oriental impregnado a ajo y jengibre, decidí dedicar la próxima columna (después de esta) al tema de “los olores y el sexo.

En el Metro, me topé a Mario, un amigo de infancia. No nos veíamos por lo menos hace tres años. Me contó que su esposa Maria de la Luz estaba embarazada de cuatro meses. Ojeroso, confesó con cara de chicle derretido que su amada lo tenía seco como escupo de camello: quería hacer el amor todo el tiempo y en todos lados. Mariluz andaba caliente como hervidor. Según él, se había transformado en una chica vibrante, lujuriosa, en constante éxtasis sexual. Al despertar, lo obligaba a comerle la flor exótica, a beber el néctar mágico de su entrepierna. Luego, le exigía por lo menos dos polvos seguidos: uno por delante y otro por atrás. Se sentía usado, explotado, no daba más. No sabia como decirle “NO” sin herirla.

Le explique a mi amigo Mario que las cargas hormonales, la irrigación sanguínea y la exaltación de los estrógenos, convierten a las embarazadas, generalmente, en ‘mujeres de fuego’. Que mientras transcurren los meses de gestación, a pesar de que existen posiciones sexuales que les incomodan por el peso de la barriga, para estas musas con guata, el coito es algo saludable, liberador de estrés, tanto para ellas como para la pareja. Inclusive, personalmente, creo que para el feto también es algo sano: le llueven descargas cosquilludas que lo revitalizan, de forma inconsciente. Y lo mas importante: es una forma sutil de demostrar que te aman, de coquetear y flirtear con su mandril, digo con su macho o menos, el perpetuador del ADN familiar.
Mario me pidió que nos bajamos en Plaza Italia. En el exterior, se puso a llorar. Necesitaba purificar el alma, desahogarse conmigo. ¡Shuta y sin las boletas de mi consulta!, jaja. Me confesó que era “eyaculador precoz debido a su afición a la masturbación”. Se sentía como un revolver a fulminantes, una pistola de agua con el resorte vencido, oxidado. Sexualmente, duraba menos que un Candi, lo que un peo en un canasto. Le dije, que todo tenía solución: Que copulara como los conejos: varios polvos cortitos, seguidos. Que usara los dedos, la lengua, la boca, los pies. No le causó gracia.

Seguí en mi rol educativo de especialista en Cachas-cas-can: Amigo, durante los tres primeros meses de la gestación pueden presentarse tres tipos de reacciones sexuales en las féminas con esculturales guatas. “Primero, el complejo de culpa y rechazo sexual o inhibición; segundo, miedo a raíz de los cambios físicos que se están generando, y tercero, el apetito sexual se potencia por la carga hormonal”. Mario se sentía victima de esto ultimo.

Le confidencié que con mis tres ex esposas, hice el amor hasta casi el día que parieron. Las tres fueron más desinhibidas que nunca, activando sus “fuegos interiores” gracias a las caricias corpóreas. No hay cosa mas sublime en la vida sexual que follarse a una futura mamita fogosa, sujetar sus caderas, hundirse en su vientre, en su melosa matriz universal. Abrirse camino en esa cueva estrecha, jugosa, acolchada. Penetrarlas rítmicamente, con delicadeza, besarles el rostro con ternura. Morderles los pezones, lamerles los senos hinchados Embarazadas: Mujeres globo, subespecie de minas cachondas, dueñas del halo radioactivo de la calentura. Sirenas inflamadas de sexo, de vida, de luz cósmica y cosquillas multicolores. Mario se despidió y entré, nuevamente al Metro. Me tocó una embarazada treintañera. Le miré las estrías y me excité. Irradiaba vida y eso me provocó una gran inflamación.

Nunca me ha simpatizado el termino chabacano de “se enfermó”= “mujer preñada” y “mejorarse”= “parir”. Tiene una carga machista, negativa, anti natura. Aborrezco esos términos campechanos. La imagen que encuentro hermosa, poética es “dar a luz”. Es verdad, para mi, las mujeres son seres celestiales capaces de parir estrellas cósmicas. La amo: me alimento de sus cosquillas.

Gracias a todas (os) los que me han escrito. No se olviden de enviarme sus comentarios e historias sobre el próximo temazo: “los olores y el sexo”. Un beso en el ombligo para las futuras embarazadas, doctor Pepe Jot.

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