

El tema de “los 33” mineros nortinos atrapados en la mina San José es una excelente radiografía sociológica de cómo somos en este lejano país compuesto por alrededor de 16 millones de habitantes. La sobre utilización de la tragedia humana por parte de los medios de comunicación se ha transformado en un verdadero reality show. Transmisiones de TV en vivo las 24 horas: que manera tan deplorable de colgarse del dolor de los pobres y explotados del modelo neoliberal tercermundista. No deja de asombrar, la necesidad imperiosa del pueblo chileno por este tipo de situaciones domésticas, que permiten dar rienda suelta al nacionalismo exacerbado, al chovinismo folclórico tricolor, a puertas del bicentenario.
En una estrategia comunicacional notable del actual Gobierno, el mismísimo Presidente de la República, Don Sebastián Piñera Echeñique, mostró en vivo y en directo, el papel escrito en letras rojas enviado a la superficie por los sobrevivientes tragados por las entrañas de la tierra, adherido a la sonda de perforación: “Estamos bien en el refugio, los 33”. En Plaza Italia, al igual que en distintos rincones de Chile: la gente se volcó a las calles a celebrar eufóricamente como si hubiésemos ganado el Mundial de Fútbol o las Olimpiadas. Familias enteras en auto tocando bocinas. El pueblo busca su identidad en diversos símbolos: en una bandera rescatada del barro después del terremoto. El dueño de ese género agujereado se pasea actualmente con el estandarte buscando protagonismo fuera y dentro de Chile.
Los canales nacionales sólo se han dedicado a mostrar el tema de los mineros. Existe cero aporte a la cultura, a la educación e incluso al entretenimiento. Hoy en día, ver televisión es como tomar unos binoculares y fisgonear por las ventanas de los vecinos. La euforia colectiva se origina por razones individualistas: necesitamos creer que pertenecemos a un grupo, a una causa, a algo más fuerte y poderoso que sólo nuestro frágil metro cuadrado.
Noticias como la de los mineros hace que los chilenos recobremos la esperanza perdida. Que el Estado logre rescatar al grupo de “los 33” desde los 700 metros de profundidad, es el crudo reflejo del gran sueño patriótico: que cada uno de nosotros podamos salir de nuestros propios hoyos negros en los cuales sobrevivimos con tanto malestar. ¡Fuerza mineros…Viva Chile, mierda!
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