
Observó con apatía descarnada el correo electrónico que contiene la invitación de una fan cibernauta. La musa desconocida le solicita transformarse en “la nueva amiga Facebook”. Para Dante Alegría, escritor en fuga, no existía el menor interés por contactar a nadie, menos aun si huele a chips, a disco duro, a Internet. Siempre borra los correos “desconocidos”, automáticamente, sin siquiera leerlos. Los considera “basura-quema-minutos”: es su escudo para no dejarse contaminar por la tecnología de las comunicaciones con su aplastante voyerismo farandulero, con el maldito y obsceno horror invasivo. Todo con el fin de resguardar el preciado tiempo “Anti Calentamiento Mental”. Extrañamente, una agradable cosquilla recorrió su piel emocionada. Un hormiguero volcánico le quemó la sangre por dentro. Experimentó una profunda catarsis, una especie de transitoriedad que fue mutando de la sorpresa hacia las catacumbas de la melancolía, sin máscaras, sin miedos, a corazón abierto.
Preso de un cuadro de arritmia multicolor abrió el correo. Leyó el mensaje: “Te leo hace años. Soy tu fans incondicional. Me gustaría conocerte. Podríamos taparnos los ojos tapados…hablar sin tocarnos, sin estar obligados a nada y a todo. El dolor cura el dolor. Bso en el ombligo, Dulce Amor”.
Dante Alegría abrió los postigos de la ventana de su modesta cabaña hecha con puertas y vigas de demolición. Saboreó el horizonte marino, instalado en la nebulosa del eclecticismo crónico. Rumoroso, observó con sus ojos verde pasto al enjambre de albatros salados arrojándose en picada en busca del cardumen, del desayuno mañanero de sus insaciables tripas como las suyas. Respiró hondo. La brisa húmeda, impregnada de salmuera, invadió la virilidad de sus pulmones. “El dolor cura el dolor”.
Escuchó la melodía de las olas. Un placentero éxtasis penetró en sus tímpanos. El salvajismo incontrolable del océano, estallando contra el roquerío, bajo el acantilado de la guarida, lo ensalzaba con el elixir de la digresión. Reflexionar frente al mar lo hacía sentirse diminuto, una pulga libre de su propia jaula, feliz como un lombriz, con paz tibetana. Miró por el cristal roto, las doradas arenas de la playa solitaria lengüeteando el pubis inalcancalzable de la matriz del universo.
Dante Tristeza y su presente podrido, soñando cumplir su gran proyecto de libertad: vivir como un ermitaño en una playa del norte chileno para escribir una “Novela Cabrona sobre la Revolución del Clítoris, del Prepucio”. Un libro tierno, caliente, crudo y luminoso, que de paso, de forma ácida, desmenuce el egoísmo humano. Que tarea más difícil: Parir una obra literaria capaz de plasmar el más trascendental sin-sentido de la existencia: encontrar al verdadero ser amado, el amor maduro, la anhelada e indestructible cosquilla de a dos, para desnudar el alma como una cebolla que ya no te haga llorar.
Dante, le envío un email: “Dulce Amor: Estamos condenados a la distancia geográfica. Seamos “novios virtuales”, ciber-amantes. Una relación basada en el Ciber Amor. Besos, Dante Alegría, el escritor ingobernable”.
A los tres meses, Dante Alegría decidió conocer a Dulce Amor. La primera vez que la vio traía puesto un vestido de flores. Se veía más atractiva que en fotografías. Se abrazaron, emotivamente. Dante pudo saborear el aroma mágico de los pétalos de rosas destellando de la piel morocha de Amor. El humus del primer contacto, se mezcló con el radiante hálito de la eterna primavera, abriendo los pestillos de los ardientes corazones cibernautas. Y, en un ataque de risa incontrolable, se amaron intensamente. El que se arriesga a amar, logra el Paraíso de la Ternura indestructible sin miedos.
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